Lo tenía muy claro desde el principio. A Clara Varela le apetecía iniciar su vida universitaria fuera de la comunidad gallega. Su carrera, Ingeniería Náutica, se imparte en Galicia, en concreto en el campus de A Coruña, pero Clara asegura que le apetecía la vida universitaria fuera de Galicia. Se planteó tres capitales en un principio: Bilbao, Santander y Barcelona, porque le gustaban esas ciudades, «y sobre todo en el caso de Barcelona y Bilbao», apunta. Eligió el País Vasco, pero no lo tuvo del todo claro hasta terminar las pruebas de acceso a la universidad, ni en la titulación ni en el lugar, pero no se arrepiente de ninguna de las dos decisiones. En un principio se planteó, además de Náutica, una ingeniería naval o incluso alguna carrera relacionada con las ciencias de la salud, Biomédica, que se imparte en Barcelona.
Ahora califica de muy positiva la experiencia de estudiar en otra comunidad, porque implica una autonomía y una responsabilidad que no tendría en una ciudad relativamente próxima a la suya. «He aprendido a moverme por mí misma, nadie te lleva a los sitios, te mueves en metro o autobús y punto. Si estudias fuera de casa tienes libertad, pero de este modo nadie puede hacerte las cosas, debes asumirlas tú», explica Clara.
Vive en una residencia pero aún así valora muy positivamente el hecho de que debe encargarse de todos los trámites y cuestiones que surjan en su primer año universitario.
Lo curioso es que en su titulación los foráneos escasean. Son ochenta alumnos en primer curso, y solo hay cuatro de fuera del País Vasco. Los gallegos que conoce, por el momento, son de otras carreras. Y si son pocos los estudiantes que llegan de otras comunidades, es similar lo que ocurre con las mujeres. Son 8 en un curso de 80 matriculados, lo que deja un escaso porcentaje femenino en la carrera. Reconoce que es una titulación difícil, pero no cambiaría su experiencia.
Visitas periódicas
Irse lejos tiene sus ventajas y sus inconvenientes, y la lejanía de la familia es uno de estos últimos. Evidentemente, Clara no puede volver a Santiago cada fin de semana, por lo que suele viajar a su casa una o dos veces cada dos meses. «Suelo viajar cuando hay algún puente, cada dos meses o en alguna ocasión al mes», señala.