«Cuando me hablan en castellano les digo que pueden hablar en gallego porque soy de aquí»

La Voz

CASTRO CALDELAS

15 ago 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Los madrileños y los catalanes son hermanos en Cimadevila. Porque allí, en ese barrio, los emigrantes han repartido sus vidas entre ambas comunidades. Hay vecinos como Marisol que marcharon fuera de Galicia antes de cumplir los veinte. «Toda la familia que tengo allá es catalana porque el marido que tengo es catalán, catalán. Eso no quita que no sea gallega, gallega. Cuando estoy en Cataluña hablo en catalán y aquí me gusta hablar en gallego», comenta riendo entre los vecinos con los que jugaba.

Lo que le choca es cuando va a hacer algún recado en Castro Caldelas y en las tiendas le hablan en castellano pese a que utiliza el gallego para comunicarse con el que la atiende. «Hay el que responde en castellano y les digo que pueden hablar en gallego, que lo entiendo porque soy de aquí», comenta esta vecina.

Porque aunque lleva en Barcelona más de media vida, explica que es gallega, gallega. Aprecia la comida, como el chorizo o el caldo gallego. Y el aire del lugar en el que nació.

Venir al pueblo les hace recordar cómo eran, contar viejos relatos y unirse para ver juntos las estrellas. Porque no echan de menos tener un bar en el pueblo, ni tampoco cerca. No les hace falta. Ciertas veces, cuando hay buena tarde y el cielo no está cubierto por las nubes toman unas cervezas en la plaza o hacen una comida. Incluso las nuevas generaciones que descubren la vida ahí, lejos de la ciudad, lo agradecen y acuden un año y otro año. Es lo que tiene vivir en el campo, en la montaña.