El alumno se quejó en el juicio de que hizo 237 prácticas en un coche sin adaptar
03 jul 2010 . Actualizado a las 02:00 h.El vigués Tomás Alonso intenta aprobar, sin éxito, el carné de conducir desde el 2005 y tras gastarse 8.700 euros pese a que él y su madre viven de una pensión. El joven realizó 237 prácticas en la misma autoescuela. En ese tiempo, se presentó nueve veces sin éxito al examen, aunque aprobó a la tercera el teórico, que le ha caducado y debe repetir. Su paciencia se agotó y ha demandado a la autoescuela Faro, a la que reclama los 8.700 euros porque le dio las clases en un coche sin adaptar pese a que sufría molestias en la pierna izquierda. «Con el coche de cambio manual notaba espasmos y dolores en la pierna. Le dije al preparador: ''Antonio, gasto mucho dinero'', pero él me respondió: ''Necesitas más prácticas''. Él se tenía que haber fijado en que tenía espasmos y me temblaban las piernas en el semáforo, pero me decía: ''Mira para adelante''», declaró ayer el demandante en el juicio que se celebró el Juzgado de Primera Instancia número 13 de Vigo.
El debate se centró en si Antonio Bugallo, el director y preparador de la autoescuela Faro, sabía que el coche de cambio de marchas normal era o no el adecuado para su cliente.
El responsable sabía que su ex alumno era un código 10 (precisa transmisión de cambios adaptada) pero «no necesitaba el cambio automático» porque, en un año, adquirió un dominio al volante que lo dejó «asombrado», cuenta. Añade que «arrancaba cuesta arriba mejor que otros, controlaba mucho», y recalca que los suspensos del aprendiz eran los fallos comunes por falta de observación en la carretera o infracciones de tráfico.
El director admite que su cliente tenía ciertos problemas de entendimiento con las preguntas del examen teórico y solicitaron un formulario con un lenguaje más sencillo. El joven aprobó los test a la tercera porque las dos veces anteriores, Tráfico, por error, lo examinó con el test ordinario.
Bugallo recordó que, una vez, los acompañó una doctora en un circuito y Tomás, de haber sido un examen oficial, habría aprobado «con creces». Sin embargo, la médica del Sergas consideró que sus molestias en la pierna lo incapacitaban para obtener el carné, lo que le pareció «injusto» a su preparador.
El joven recurrió la decisión médica ante la Dirección General de Tráfico, que no puso objeciones para que saque la licencia. Fue entonces cuando, hace nueve meses, Tomás decidió cambiar de autoescuela. El nuevo preparador le hizo una prueba, notó el temblor en su pierna y lo sentó en un coche especial que tiene un sensor que acciona el embrague automáticamente. La dificultad desapareció.