Heraclio Blanco Martín peregrina a Compostela «por motivos religiosos».
25 jun 2010 . Actualizado a las 02:00 h.El día en que llegó a O Cebreiro le dijeron que estaba hecho un chaval y él contestó con sorna: «Sí, por allí pasé. La procesión va por dentro». Pero es cierto que lo está y que camina con una gran soltura para los 84 años que tiene, cumplidos precisamente el día 6 de este mismo mes. Justo en la jornada siguiente, comenzó el Camino. Subió hasta los 1.300 metros de O Cebreiro desde Valcárcel en 4 horas. Él lo dice como si eso fuera una eternidad, por más que haya jóvenes que, de vez en cuando, tengan que abandonar la etapa por ser incapaces de escalar tanto.
Para Heraclio Blanco Martín, este es ya su decimoséptimo Camino de Santiago. Lo hace solo, aparentemente, pero él mismo aclara que no: «Voy con Santiago Apóstol todos los años». Sus pertenencias las lleva guardadas «en un carrito de la compra» por el que «casi me conocen» y se apoya en dos bastones para seguir adelante. Para él, lo principal del Camino «es oír misa todos los días, si puede ser». Los suyos son «motivos religiosos» y durante el trayecto no siempre encuentra en el ambiente la espiritualidad que él desearía. «Yo ando para pedir por mi familia, por la salud...», apuntilla.
Vive en Espinosa de Villagonzalo (Palencia), pero habitualmente comienza su peregrinación a 20 kilómetros de esa localidad, en Frómista. Este año inició su camino en Carrión, también un pueblo palentino. Llega siempre hasta Santiago y solo una vez extendió su trayecto hacia Fisterra. Tiene en su haber, por tanto, 16 compostelanas y este año podría ganarse la decimoséptima, «si Dios quiere», aunque él mismo reconoce que si tiene que guardar mucha cola, quizás regrese a casa sin ella. Lo podría dejar para la siguiente vez, aunque él solo sonríe callado cuando los que ya lo conocen le dicen: «Nos vemos para el próximo año».
Cosa de familia
Heraclio tiene 3 hijos y 2 hijas y 2 nietos y 3 nietas. Dos de sus primogénitos también han peregrinado a Compostela, pero no hasta llegar a la marca de su padre. Amable y cordial, concluye: «Y toda esta es mi vida».