O pano, un pariente cercano del «hiyab» vinculado a la religión y a la sumisión

La Voz

GALICIA

03 may 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

O pano, la pañoleta tradicional gallega, tiene un origen religioso y vinculado a conceptos de sumisión a la Iglesia y a los usos sociales. La religión católica establecía que los hombres debían estar descubiertos y las mujeres cubiertas «en sagrado»; es decir, en la iglesia u otros territorios consagrados, como un cementerio. «A función do pano era a mesma que no mundo árabe: a muller non podía permanecer descuberta en público», señala Isidoro Rodríguez, investigador de la cultura popular.

Solteras y casadas

El profesor de la Universidade de Vigo José Cortizo apunta que cada prenda no se entiende sin el resto del vestuario: «En este caso, el pañuelo responde a una ocultación, a posiciones pudorosas que reflejan de forma muy acusada la influencia religiosa y moral».

Durante los casi dos siglos que el pañuelo ha permanecido en la cultura popular gallega, acumuló significados suficientes para escribir un libro. La forma más tradicional es la que sitúa el pañuelo anudado en la nuca, aunque los lazos en la parte superior del cráneo o bajo el mentón podían marcar significados distintos. En algunas zonas, el nudo en la nuca determinaba la soltería; la lazada en la frente era para las casadas. Según las zonas de Galicia y la evolución propia del uso popular, el pañuelo pasó también a anudarse bajo el mentón (como el hiyab).

Códigos territoriales

Los especialistas difieren sobre los códigos que representaban los diferentes nudos, aunque, como señala el profesor Cortizo, la variable más común era la territorial, de manera que en cada zona la pañoleta se usaba de manera ligeramente distinta. En todas, sin embargo, el carácter de sumisión que suponía o pano, era indiscutible: «Polo menos na súa orixe. Outra cousa é que moitas mulleres levárano sen ser conscentes do seu significado profundo», reflexiona Isidoro Rodríguez.

Más uniformidad había sobre el luto reflejado en el pañuelo: de negro riguroso en un primer momento; pequeños motivos blancos al inicio del alivio; tonos morados más adelante, y el malva, finalmente, como última estación del luto.