Casi la mitad de los gallegos menores de tres años acuden a una guardería

La Voz

GALICIA

Los profesionales reivindican su vertiente educativa más allá de su carácter de recurso asistencial

20 mar 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

De los 65.000 menores de tres años que hay en Galicia, alrededor de 28.000 acuden regularmente a una escuela infantil. El porcentaje no llega a la mitad, pero se acerca. El paulatino cambio de estructura en la sociedad gallega ha ido incrementando un servicio esencial para la incorporación de la mujer al mercado laboral, de modo que la oferta de plazas crece cada año. La Administración ofrece ya más de la mitad de todas las plazas, aunque la importancia de la iniciativa privada es capital. En toda Galicia funcionan 259 centros privados que ponen en el mercado 12.318 plazas.

El coste del servicio es muy variable. Según la Xunta, la media que paga una familia gallega en una de sus escuelas infantiles es de 65 euros mensuales, aunque solo la escolarización va de cero a 110 euros, en función de los ingresos. Y luego el comedor. El precio es similar en el sistema público. En una guardería privada hay que empezar a hablar en los cien euros. Una jornada de seis horas con comedor puede alcanzar, como media, los 250. Y de ahí hacia arriba. No es extraño que la presión ciudadana haya estimulado a la Administración en la ampliación de su cobertura.

Muchos de los profesionales que trabajan en el sector rechazan el concepto de guardería y reivindican el trabajo educativo que se realiza en estas escuelas pese a que, en su mayor parte, la demanda de las familias es puramente asistencial. «En todos los años que llevo trabajando ningún padre me preguntó por el proyecto educativo», admite una veterana trabajadora de una escuela infantil de Santiago. La asistencia a estas escuelas infantiles contribuye sin embargo a la socialización de los pequeños, la creación de rutinas y un tutelaje ordenado en su proceso de descubrimiento de su entorno y de sí mismo.

Aunque no hay contenido curricular, la mayoría de las escuelas infantiles desarrollan su propio proyecto educativo y mantienen comunicación frecuente con las familias sobre los avances de los pequeños quienes, al fin y al cabo, muchas veces ni siquiera hablan.

No más de ocho horas

La normativa que rige las escuelas infantiles data de mediados del 2005 y establece unas medidas mínimas de dos metros por niño en cada aula, espacios exteriores y la prohibición de que cualquier alumno pueda permanecer más de ocho horas en el centro. Algunos de estos pequeños escolares completan esa larga jornada en la guardería, de manera que el tiempo de vigilia que pasan con sus educadores de la guardería es mucho mayor que el que discurre en compañía de sus padres. Entre los más pequeños, esta descompensación puede incluso generar confusión hacia sus padres.

Aunque es normativo que las escuelas dispongan de botiquines de urgencia, en ninguna medican a los niños sin autorización previa y firmada por los padres: «Aquí no les damos ni Apiretal», afirma el director de una escuela coruñesa, resumiendo una opinión generalizada. Cualquier proceso febril o lesión es comunicada de inmediato a los padres para que sean ellos quienes decidan. Las inspecciones suelen ser frecuentes y rigurosas y, pese a las protecciones y la seguridad que caracterizan a estos centros, la peor pesadilla que acosa a los trabajadores es el hecho de que cualquier alumno pueda sufrir el más mínimo daño.