Ochenta horas a la semana dice Julio Vieira (36 años) que se pasa en el restaurante. El precio de la resistencia para sacar adelante una empresa abierta, tal vez, en el peor momento: «Cuando montamos el restaurante no se hablaba tanto de la crisis. Desde luego, yo no pensaba que iba a durar tanto ni a ser así». Era la primavera del 2008. Se desataba la tormenta: «Fue abrir y comenzar esta psicosis».
Pero las cosas han ido estabilizándose: «En los últimos tres meses hemos mejorado. Somos más conocidos». Ya se le va pasando el susto del verano, cuando volvió de vacaciones y se encontró la calle levantada. El plan E: «Habrá servido para generar empleo en la construcción, pero a otros muchos nos ha hecho polvo. Si a la crisis le unes seis meses con la puerta de tu negocio hecha un barrizal... pues imagínate. En esta calle, en un tramo de 200 metros han cerrado cuarenta negocios».
Julio se embarcó en una aventura difícil: un restaurante especial, de cocina moderna y de precio medio alto: «Y en Vigo es muy difícil». Pero poco a poco se ha situado en la estabilidad y espera asentarse definitivamente este año. De momento, tiene dos empleados y asegura que necesitaría otros dos.
-¿Qué tendría que ocurrir para que generara más empleo?
-Muy sencillo. Facturar un poco más y que esa facturación fuera algo más estable, porque ahora solo conseguimos mantenernos. Si cesara un poco esta psicosis, solo digo un poco, estaríamos en condiciones de tener dos empleados más y pensar en otras cosas.
Porque Julio, así lo admite, no está en condiciones de planificar proyecto personal alguno para este año más allá del restaurante: «¿Un hijo? ¡Ja! Lo tendré cuando cambie un poco el panorama y tenga que pasar menos horas aquí». La mujer de Julio también trabaja en el restaurante, de lunes a domingo. Es la única forma de que los empleados libren dos días a la semana. Así que el proyecto de familia tendrá que esperar, posiblemente, más allá del 2010.
Desde Sal Negra, su innovador proyecto de restauración, Julio espera que las cosas cambien: «Hace cinco años, la gente salía todos los días, estaban los negocios llenos. Hoy es casi imposible que un cliente se dé el placer de tomarse una botella de vino de 30 euros». Al menos, Julio ya ve el cambio de orientación en la curva de su empresa. Ya no desciende, ahora mira hacia arriba.