El «esclavo moral» de Gallardón siempre dispuesto a inmolarse por su jefe y amigo

E. C.

ESPAÑA

05 nov 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Es la mano derecha de Gallardón, la voz de su jefe y amigo, su brazo armado, hasta tal punto leal que se ha llegado a autocalificar como su «esclavo moral». Manuel Cobo Vega (Ponferrada, 1956) ha vuelto a jugárselo todo por el alcalde, como hizo cuando presentó su candidatura para disputar la presidencia del PP de Madrid a su enemiga Esperanza Aguirre y se topó con la realidad de que casi nadie lo respaldaba. Una misión suicida a la que Gallardón le lanzó sin paracaídas después de una cena celebrada el 6 de octubre del 2004 en la que la presidenta se negó a aceptarlo como secretario general

La entrevista que lo ha puesto ahora en el disparadero es su segunda inmolación en favor del hombre al que ha ligado toda su carrera política, al que admira sin reservas. Gallardón ha correspondido a «Manolo», como le llama, otorgándole el cargo de vicealcalde, hasta ahora inédito en Madrid.

Una relación idílica indestructible, que comenzó hace ya 20 años y resiste sus intereses dispares: Cobo es un fanático del Madrid e idolatra a Sabina y José Tomás; Gallardón detesta el fútbol y los toros y es un exquisito melómano al que le encanta la ópera. Solo les une su afición por las motos y, según los aguirristas, su odio visceral a Aguirre. Pero políticamente se complementan, son el policía bueno y el policía malo, el alcalde siempre correcto y educado; su escudero, directo, incisivo e implacable. Y con la vida resuelta como para no tener pelos en la lengua.

Una anécdota revela la amistad que los une. Fue durante la noche del 16 de mayo del 2007, cuando el entonces candidato socialista a la alcaldía, Miguel Sebastián, sacó a relucir su relación con Montserrat Carulla, testaferro de Juan Antonio Roca en la operación Malaya marbellí. Enfurecido y colérico, Cobo bajó al plató y cubrió de exabruptos -«miserable», entre otros- al hoy ministro de Industria. Gallardón también le demostró su cariño cuando hace dos años padeció una grave dolencia medular que estuvo a punto de confinarlo en una silla de ruedas . Lo llamaba todos los días e iba a visitarlo al hospital.