Rajoy advierte que no tolerará más broncas en el PP y Aguirre responde con otro desafío

E. Clemente? / ?G. Bareño

ESPAÑA

En un duro discurso ante la ejecutiva, atacó a la dirigente madrileña por presionar a la dirección del partido

04 nov 2009 . Actualizado a las 13:43 h.

«No habrá próxima vez». De esta forma Mariano Rajoy advertía ante el comité ejecutivo que no permitirá que se repita el caos que ha asolado al PP estos últimos días. En un duro discurso, anunció que actuará con contundencia si hace falta para evitarlo. Pero al mismo tiempo que daba un puñetazo en la mesa y avisaba de que ya no dejará pasar ni una, Esperanza Aguirre lo volvía a desafiar dándole plantón y criticándolo por equipar a la «víctima», ella misma, con el «agresor», Manuel Cobo. Pero la presidenta se quedó sola, ya que Rajoy logró el respaldo unánime de los 26 intervinientes.

El líder popular consideró grave la situación que atraviesa el partido, calificó lo sucedido en Madrid y Valencia de «inadmisible» y dijo que no debe volver a producirse nunca más. Repitió la palabra «inadmisible» para referirse, sin citarlos nunca por sus nombres, a los comportamientos de Cobo, Aguirre, los hermanos Costa y Francisco Camps.

Demolición de Aguirre

En el caso de la mano derecha de Gallardón, por hacer declaraciones críticas contra Aguirre, pero a continuación recordó que esta anteriormente también había arremetido contra la dirección nacional. «Las cosas que haya que decir se dicen en los órganos del partido», señaló.

No se quedó ahí y prosiguió su demolición de Aguirre, acusándola de presionarlo al poner como condición para la designación de Rato como presidente de Caja Madrid que se sancionara a Cobo, y de forzar a los alcaldes madrileños a firmar una carta exigiendo el castigo. «Ese es un juego muy peligroso», dijo.

También tuvo para Ricardo Costa y por extensión para su valedor, Francisco Camps, por hacer «caso omiso a las instrucciones directas y claras de la dirección nacional», que, enfatizó, «no se transmiten todos los días porque solo interviene cuando cree que el interés general está en juego». También alcanzó su varapalo a Juan Costa por decir que el PP no es alternativa.

Como quien no quiere la cosa, lanzó un aviso a navegantes en dirección a Aguirre y Camps, al recordarles que será él quien decida las listas electorales, lo que significa que pese a su anterior confirmación como candidatos puede haber marcha atrás.

Todo esto, dijo, «lesiona nuestra imagen, estorba nuestro proyecto, indigna a nuestros militantes, desconcierta a la opinión pública y desanima al electorado», aseguró. «No puedo aceptar que nadie diga que no somos capaces de gobernarnos a nosotros mismos y, por tanto, no podemos gobernar», añadió.

No es un reino de taifas

En el discurso más contundente que se le conoce en el partido y que muchos estaban esperando, reafirmó su liderazgo y avisó a quienes tienen tentaciones de hacerle ceder cuotas de poder que el PP no es «un partido federal, ni mucho menos un reino de taifas», y hay «una posición nacional común a todos».

Además de despacharse a gusto, aprovechó para reivindicarse a fondo. Se remontó al congreso de Valencia, que ganó con el 84,7%, a los triunfos en Galicia y en las europeas, a sus victorias parlamentarias y a la encuesta del CIS que da al PP 3,3 puntos de ventaja.

También propuso un gran pacto nacional contra la corrupción con el objetivo de presentarse como una «fuerza nacional unida y limpia».