Blanco llamó al líder de los nacionalistas para calificar de traición su veto a la moción de censura en Mondragón
03 abr 2008 . Actualizado a las 02:00 h.El PNV está dispuesto ahora a aprobar mociones de censura para echar a ANV de las alcaldías vascas. La rectificación llega después de la indignación que provocó en el PSOE su rechazo a expulsar de su cargo a la alcaldesa de Mondragón, que se negó a condenar el asesinato del ex concejal socialista Isaías Carrasco. El último comunicado de ETA, en el que amenaza directamente a los militantes socialistas, ha permitido a los nacionalistas salvar la cara y reconstruir su estrategia de lograr acuerdos con los socialistas en Madrid. Su presidente, Íñigo Urkullu, impuso sus tesis al soberanista Joseba Egibar.
Urkullu leyó ayer un comunicado en el que el PNV exige a ANV un «pronunciamiento político, nítido y urgente» sobre la «macabra novedad» que suponen las nuevas amenazas etarras. Si esa respuesta no se produce en breve, presentará mociones solicitando la dimisión de los concejales de ANV. En el caso de que, como es de esperar, fracasan esas dos iniciativas, se muestra dispuesto a impulsar iniciativas que vayan desde la reprobación a la moción de censura contra los proetarras.
La marcha atrás sucedía después de las declaraciones de destacados dirigentes socialistas, desde José Antonio Alonso a José Blanco pasando por los socialistas vascos, en las que advertían de que la decisión de Mondragón tendría graves consecuencias y haría imposible llegar a acuerdos con el PNV en la legislatura. El propio secretario de Organización revelaba que el PNV -a través de Urkullu, aunque Blanco no quiso decirlo- había adquirido un compromiso con él para apoyar la moción de censura.
Urkullu había viajado el lunes de forma discreta a Madrid para cerrar con Blanco el acuerdo por el que el PSOE daba un puesto en la Mesa del Congreso al PNV y le prestaba senadores para que pudiera formar grupo en la Cámara alta sin contrapartidas. La «bofetada» de Mondragón del día siguiente provocó la indignación de Blanco, que se sintió traicionado, lo que trasladó telefónicamente a Urkullu. Este maniobró con rapidez y dio la vuelta a la situación para recomponer su estrategia.