El Lugo tuvo una cita con la historia al finalizar la pasada campaña. Jugar para ascender a Segunda, 20 años después. No se consiguió (tras perder en la primera opción con el Murcia, y en la última con el Alcoyano), pero los futbolistas lo saborearon con intensidad. «La promoción fue algo único. Es casi imposible describirlo. Lo vivías todo a tope», recuerda Manu.
«La gente venía a animarnos a los entrenamientos de los sábados. En los partidos, el campo estaba lleno una hora antes, coreaban nuestros nombres...», revive. Y el ambiente no escapaba a ese recinto sagrado, el vestuario, del que el capitán abre una rendija: «Variamos las rutinas. Llegábamos dos horas antes. Nos relajábamos un poco. Luego, el míster nos ponía unos vídeos que habían hecho con fotos nuestras, con nuestros goles, las jugadas... Todo mezclado con música, escenas de películas como Gladiator... Te llenabas de adrenalina. ¡Se te saltaban las lágrimas al salir al campo!».