El gallego de la Ponferradina Dani Carril le pidió la prenda
22 dic 2011 . Actualizado a las 11:55 h.«Estaba a punto de acabar el partido [el que el martes disputó la Ponferradina contra el Real Madrid] y de repente me di cuenta de que no le había pedido la camiseta a ningún jugador», así empieza el relato de cómo el defensa vigués Dani Carril acabó pidiéndole al entrenador portugués José Mourinho su famoso chaleco, ese que luce con sus iniciales bordadas a la altura del pecho. «Hablé con Pepe, pero ya había comprometido la suya; Callejón, también. Entonces vi a Mourinho cerca del túnel de vestuarios». El técnico había salido a felicitar a los futbolistas del conjunto berciano por la eliminatoria que habían realizado contra su equipo. «Me acerqué a él, hablamos unos instantes y luego le dije si me daba el chaleco». Mourinho no se lo pensó y se quitó la prenda talismán que le acompaña por los campos de fútbol.
«Una persona muy amable»
Pero el gesto que tuvo el luso con Dani Carril no fue el único que quedó grabado en la memoria de los futbolistas de la Ponferradina. Ya en el encuentro de ida, en el estadio del Toralín, después de que concluyese el partido, el entrenador del Real Madrid invitó a los jugadores locales a compartir unos minutos con las estrellas blancas. «Nos llamó y nos animó a pasar al vestuario del Madrid para hablar con ellos», comenta el defensa vigués, quien agrega: «Me pareció una persona muy amable». Una imagen alejada del estereotipo que ha ayudado a crear el polémico preparador portugués en torno a su figura. «Y ahí nos ves a nosotros compartiendo una pieza de fruta con los futbolistas que normalmente ves por televisión. Nos trataron de película», señala Carril.
Durante la noche del martes, el gallego pisó por primera vez el Santiago Bernabéu. Un estadio «impresionante», de los que deslumbran. «Había -comenta- algo más de 50.000 personas y cada vez que había una falta, una aproximación al área, aquello sonaba como un rugido». «Fue algo único». De hecho, cuando el marcador reflejaba ya un 5-1 a favor de los de Chamartín, casi al borde de la conclusión, el colegiado indicó que iba a añadir un minuto al tiempo reglamentario. «Miramos al cuarto árbitro y todos pensamos lo mismo: ?¡Qué añada cuatro o cinco!?. No queríamos que se acabase». El sueño debía continuar.