El grito de Djalma conjura Riazor

Pedro José Barreiros Pereira
PEDRO BARREIROS A CORUÑA / LA VOZ

DEPORTES

14 nov 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

El derbi comenzó una hora antes en el estadio. Fue justo cuando los aficionados del Celta comenzaron a poblar su esquina de Preferencia superior en el coliseo... y el derbi de la palabra comenzó. «Grazas Valencia», rezaba una pancarta. Tan calientes comenzaron los ánimos que los antidisturbios tuvieron que rodear a las camisetas celestes para que algunos blanquiazules descartasen la invasión desde la grada de Pabellón. «Aspas, muérete», se oyó como respuesta.

Con todas las entradas vendidas, no tardó mucho en llenarse Riazor. La primera ovación premió a Aranzubia, que se adelantó a sus compañeros en el calentamiento. Es dudoso que a Casillas lo recibiesen con más alegría cuando regresó de ganar el Mundial. Enfrente, Yoel tenía que atender a los disparos de su preparador y a los gritos de la grada y hasta de los recogepelotas.

Solo la aparición de la publicidad en los video marcadores y la megafonía pareció poner de acuerdo a todos: los cánticos deportivistas y célticos cesaron mitigados por la competencia desleal de la tecnología, así que en vista de la derrota clara las gargantas se tomaron un descanso.

Ovación

No fue el caso de las banderas, que siguieron ondeando al viento, ni del cemento, que botaba y rebotaba bajo miles de saltos de uno u otro color. Solo hubo una envidia para los coruñeses, pues tanto Yoel como sus compañeros saludaron a su grada nada más saltar al campo y mientras iniciaban el calentamiento. En el Dépor, que comenzó y acabó su entrenamiento con una ovación, tan solo Álex Bergantiños y Valerón se acordaron de los seguidores que los jaleaban sin descanso desde la grada.

El derbi estaba a punto de comenzar cuando por las pantallas comenzaron a proyectarse imágenes de los últimos derbis. Como si todo se resumiese en este disputado anoche y que dirimía fuerzas entre el Dépor y el Celta después de cuatro años sin enfrentarse. Pero no solo se proyectaron imágenes de goles o de las celebraciones, sino también otros momentos más polémicos, como los encontronazos entre Mostovoi y Djalminha. Jaleados por la grada, por supuesto. Luego, ya con los contendientes preparándose para saltar al campo en el túnel de vestuarios y el palco llenándose, llegó el momento de otro vídeo, de nuevo las imágenes de los goles y el protagonismo para alguien que ya no está. El grito de «Djalma, Djalma».

Quien también se llevó gritos variados fue Iago Aspas, entre dedicatorias a su familia y «Aspas muérete».

El espectáculo entre aficiones quedó deslucido con las seis bengalas que se lanzaron al césped desde la zona de Maratón en los primeros minutos del partido. El partido se interrumpió hasta que fueron recogidas por los bomberos. Eso sí, el gesto provocó la llamada al orden desde la megafonía del estadio y hasta que uno de los utilleros del primer equipo (iba a ir el delegado) se desplazasen para calmar los ánimos. El despliegue de seguridad en torno a esa grada hasta pareció enfriar al Dépor, que por entonces ya ganaba en el marcador, pero que en la grada rayaba la goleada.