En la cabeza de Nico Almagro se debaten su hambre de triunfo y su afán autodestructivo. Capaz de enfadarse en pleno partido con su entrenador, hasta pedirle su marcha, y solicitarle después su regreso, también está dotado de un juego de ataque que le permite inquietar a cualquier rival sobre cualquier superficie. Lo sabe por ejemplo Nadal, al que perdonó la vida hace poco más de un año en el torneo de Madrid.
Durante medio partido de su estreno en Roland Garros, Almagro ofreció ayer su mejor versión ante el polaco Lukas Kubot después de ir ganando los dos primeros sets, sacó para ganar el en cuarto y llegó a mandar por 3-0 en el quinto. «La culpa es mía, no he sabido ganar», explicó el murciano en declaraciones recogidas por Efe tras perder por 3-6, 2-6, 7-6 (3), 7-6 (5) y 6-4 en un enfrentamiento de casi cuatro horas de duración.
Reciente número diez
Duodécimo jugador mundial, Almagro admitió que no se le debió escapar el encuentro. «Con dos sets abajo [Kubot] ha visto el partido perdido». El murciano iguala su peor resultado en Roland Garros desde su debut en el 2004, año en el que también hizo las maletas tras su primer compromiso. Y se lleva un palo enorme solo unas semanas después de verse por primera vez en su carrera en el top ten mundial.
Especialista en tierra, Almagro llegó a Roland Garros después de una notable temporada en arcilla, tras sus triunfos en invierno en Buenos Aires y Costa do Sauipe y su victoria de la semana pasada en Niza. Cuartofinalista en la anterior edición del torneo parisino, su sorprendente derrota se cobrará un bajón en la clasificación mundial.
«Estoy para irme a mi casa y meterme en la piscina como una sirenita», añadió Almagro.