Un pasado duro, un futuro asombroso

La Voz

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Los 64 golpes del viernes convirtieron a Jason Day en una de las caras del Masters. El australiano, de 23 años, logró la tarjeta más baja de un debutante en toda la historia del torneo. Su hazaña le permitió disputar el partido estelar de ayer junto a Rory McIlroy.

La de Day es la historia de una infancia dura. Nacido en una barriada de Queensland, con 12 años perdió víctima de un cáncer a su padre, que le había inculcado su pasión por el golf. «Mi familia no tenía mucho dinero y me tiré mucho tiempo jugando solo con una madera. Luego un vecino me regaló un juego de palos». Su madre lo apuntó a la academia de golf del instituto Hills International. Allí ya trabajó a las órdenes de Col Swatton, quien se convirtió luego en su entrenador, cadi y padrino de boda.

La influencia de Swatton y la lectura del libro Entrenar a un Tigre, escrito por Earl Woods, le cambiaron. Cada día se levantaba a las cinco de la madrugada para entrenar tres horas, y hacía otra sesión a la salida de clase. «Caminaba por el camino incorrecto y me ayudó a tomar la mejor decisión de mi vida. ¡Cómo no voy a admirar a Tiger!», exclama Day. A partir de entonces llegaron éxitos superlativos. Se proclamó campeón mundial sub-17 y se hizo profesional con 18 años. A los 19 y 7 meses ganó el Legend Financial Group del Nationwide Tour (el segundo calendario estadounidense) y se convirtió en el más joven vencedor de todos los tiempos de cualquiera de los circuitos de la PGA.

El año pasado ganó el Byron Nelson. Ahora tiene derecho a soñar con convertirse en el primer australiano que se enfunda la chaqueta verde de Augusta.

jason day LA Nueva esperanza del golf australiano