Objetivo cumplido para un Obradoiro que está a tres pasos de la ACB y que mantiene una enconada lucha con el Murcia por el ascenso directo, en lo más alto de la clasificación. Quedan tres finales y el colectivo de Moncho Fernández se aferra a su discurso inalterable. Sabe que si consigue tres triunfos el próximo 15 de abril podrá festejar el salto a la máxima categoría haga lo que haga el conjunto pimentonero. Pero las cuentas no van más allá de la próxima jornada. Superada la final del Tarragona, el equipo se centra ya en la siguiente, en tierras Canarias, frente al Unión Baloncesto La Palma.
El encuentro de ayer frente a los catalanes guardó cierto parecido con los disputados ante el Breogán y el Murcia, porque los santiagueses tardaron en hacerse con el mando. Aprovecharon el paso por los vestuarios para poner el reloj de la defensa en hora. En cuanto lo consiguieron, el Tarragona se diluyó.
En los dos primeros cuartos el Obradoiro lo pasó mal e incluso el ambiente en las gradas era más frío que en otras jornadas. Hacía tiempo que no se oían los silencios. Y no es que fuesen atronadores, ni mucho menos. El problema es que el listón está muy alto, y aunque la afición volvió a poner su parte, tardó algo más en entrar en calor.
A ello también contribuyó el buen arranque de los tarraconenses, trabajadores atrás y afilados arriba, con mucha actividad en la circulación de balón. Franklin, un jugador difícil de clasificar, porque no deja de ser un pívot en el cuerpo de un alero y al mismo tiempo un alero capaz de manejarse como un pívot, hacía mucho daño. Y Fornás empezó infalible desde la línea de 6,75 metros.
El Obradoiro trataba de cargar el juego sobre los pívots, quería aprovechar los centímetros de Oriol y Kendall cerca del aro. Pero los árbitros consintieron la cera en la zona catalana. Y en un visto y no visto el marcador ya reflejaba un parcial 1-10.
A los visitantes les entraba todo y a los locales les costaba encontrar la red ante una defensa que alternaba los emparejamientos individuales con una disposición zonal incómoda. Pero el Obra, a fuerza de apretar los dientes, empezó a recortar distancias, con mención especial para Washington. El helicóptero del conjunto santiagués regaló una jugada nueva, un palmeo-mate que marcó el inicio de un parcial 8-0 para cerrar el primer cuarto con un apretado 21-20.
Washington siguió en estado de excitación en el comienzo del segundo capítulo. Perdió un balón pero lo corrigió con un tapón estratosférico y un triple.
El primer intento de despegue quedó en agua porque el Tarragona recuperó la dinámica que más le interesaba. Volvió a poner palos en la rueda del ataque local, retomó el mando y se fue a los vestuarios con ventaja de tres puntos.
Las constantes vitales del encuentro dieron un giro de 180 grados en la reanudación. El Obradoiro Blusens Monbus volvió con energías renovadas. Cerró líneas de pase por todos lados, empezó a recuperar balones y a salir con velocidad. Y encontró el equilibrio añorado en ataque, a pesar del desconcierto de los árbitros, contemplativos en un lado y quisquillosos en el otro. Llegaron los puntos de Oriol y de Kendall, con aportaciones puntuales de Tuky Bulfoni y Corbacho en la media y larga distancia; Andrés Rodríguez dio otro curso de alta dirección; Hopkins puso el equilibrio; y se acabó la historia.
Hasta Corbacho recordó las clásicas jugadas de antaño de López Iturriaga, ejerciendo de palomero: pase de Oriol de costa a costa y bandeja del alero balear sin apenas oposición.
El Tarragona, que había anotado 40 puntos en el período inicial, solo pudo añadir 23. Y Franklin, con 11 puntos antes del intermedio, no volvió a producir. Por ahí se explica el desenlace.
Marcador cada cinco minutos: 8-14 / 21-20 / 26-31 / 37-40 / 47-44/ 60-47 / 73-56 / 78-63.
Árbitros: Carlos Javier García León y Miguel Ángel Sánchez Bau. Sin eliminados por faltas personales.