Existen estudios realizados con animales en los que se han aplicado modificaciones genéticas y se han obtenido mejoras en el rendimiento físico. Un grupo de científicos en el Salk Institute, en La Jolla (California), realizó un experimento cuyas conclusiones fueron publicadas en el 2004. Se manipularon genéticamente ratones y estos lograron el doble de resistencia que los que no habían sido sometidos al tratamiento. Los roedores se mantenían en los parámetros normales de peso, el nivel de actividad en las jaulas era prácticamente la misma y tenían menos tendencia a engordar cuando se les alimentaba siguiendo una dieta generosa en calorías. En el estudio se detalla que los ratones normales resistían durante noventa minutos en su primera carrera y alcanzaban los 900 metros, mientras que los transgénicos podían continuar durante una hora más y para completar una media de 1.800 metros.