Una exhibición magnífica, una invitación a un cambio

Fernando Rey Tapias

DEPORTES

Pocas veces vimos una exhibición como la de Isner y Mahut, que llevaron su duelo hasta límites desconocidos. Jugaron, además, un partido magnífico en el que destacó, sobre todo, el absoluto dominio de golpes ganadores sobre los errores, lo que da mayor mérito a los jugadores, que servían por encima de los 200 kilómetros hora con el primer y el segundo servicio. Sacaron con soltura, potencia, colocación y confianza increíbles. Detalle este que invita a repensar el valor que se le da al servicio en nuestro país. Y luego su capacidad física y de resistencia fueron soberbias.

Jugaron en la pista 18 con una concentración increíble, una determinación total. Se enfrentaron dos jugadores muy dotados para aguantar: tanto Isner, por su educación como sacador; y Mahut como uno de tantos franceses entrenados para rendir en pista rápida, con golpes planos y cuidado servicio. ¿Cuántos de los 128 jugadores del cuadro de Wimbledon superarían su preparación mental? Quizá no más de ocho. El miércoles, el americano parecía fundido, pero es que había llegado a su límite mental, de ahí sus gestos en los cambios, ante un francés imperturbable dando saltos para restar, activándose constantemente, y con soltura y confianza para ir a la red.

Clasificado desde la previa, Mahut se jugaba muchísimo. Pero si mostrásemos su juego, nadie adivinaría que pertenece al número 148 del mundo. Y concluiríamos que en España no hay tenistas de un ataque como el suyo del miércoles.

El encuentro deja dos reflexiones. En cuanto a la organización, se debe poner coto a la duración ilimitada de los partidos de tenis, algo insólito en relación con otras disciplinas. Aunque este encuentro ejemplifique las virtudes del deporte, estas circunstancias perjudican el desarrollo del torneo. Resulta inhumano exponer a situaciones así a los deportistas. Salvo en casos extraordinarios como este, la atención del público y los medios decae en partidos largos.

Y el magnífico partido entre Isner y Mahut nos recuerda que en los grandes torneos los mejores espectáculos en ocasiones no se reducen a los encuentros finales, sino que se ven más en las primeras rondas: partidos y batallas magníficas para disfrutar como espectador.