El colegiado decantó la balanza tras un excelente inicio

X.R. Castro PONTEVEDRA/LA VOZ.

PONTEVEDRA

07 jun 2010 . Actualizado a las 02:15 h.

El Pontevedra comenzó de maravilla, pero el árbitro cambió el signo de un partido que tenía color granate. Vázquez Figueroa tenía fama de anticasero, pero en el primer tiempo lo vio todo de amarillo y con sus decisiones tendió un puente de plata para que el Alcorcón se presentase en la ronda definitiva de ascenso.

Los penaltis

Figueroa no se lo pensó en el forcejeo de Vázquez, pero pasó por alto uno mucho más claro a Dani Pendín con el 1-0 en el marcador y que hubiese vuelto a meter al Pontevedra con preponderancia en la eliminatoria. Justo después llegó el segundo tanto del equipo madrileño. Solo por este ramillete de acciones, el partido estuvo condicionado del todo por el trencilla.

Excelente salida

El Pontevedra tuvo un inicio de partido espectacular. Desinhibido, combinando, llegando y creando tres buenas ocasiones para ponerse por delante. La de Iban Espadas a los dos minutos fue especialmente claromosa. A los granates les faltó pegada y por ahí comenzaron a desangrarse.

Igor, desaparecido

Buena parte de culpa de que los granates perdiesen su eficacia puede achacársele a Igor. El héroe del Tartiere estuvo desaparecido en los dos partidos. Un precio demasiado caro cuando el ascenso está en juego.

En inferioridad y sin Padín

Los problemas se le acumularon al equipo de Alfaro con el 1-0. De nuevo se volvió a quedar con uno menos en un partido de promoción y a renglón seguido incluso tuvo que prescindir de un tocado Padín que hasta ese momento estaba siendo el jugador más lúcido.

Asfixiados en la recta final

El Pontevedra estuvo condenado a tener la posición de balón de principio a fin y semejante desgaste con uno menos y con un día de calor en la meseta, los granates acabaron hundidos en el plano físico a media que caían los minutos. En el segundo tiempo apenas dispusieron de un par de oportunidades.

Luces y sombras amarillas

Si en la ida el Alcorcón se mostró como un conjunto impenetrable, en la vuelta hacía agua por todas partes cuando el partido estaba equilibrado. Los de Anquela eran un juguete en manos granates. Sin embargo con el marcador a favor, especialmente en el segundo tiempo, apenas concedieron margen para la esperanza. Quizás porque jugaron con doce.