Los primeros 25 minutos fueron de ensueño. Todo rodaba bajo el guión. El sueño podía conseguirse, aunque durante la semana se dijo que la eliminatoria iba a estar en los pequeños detalles. Lamentablemente no fue así. La desastrosa actuación del árbitro andaluz Vázquez Figueroa pretendió esquivar ese papel que le venía acompañando de que era un colegiado anticasero. Eso no le suele gustar. Los valientes de verdad nunca se arrugan y ayer se mostró dispuesto a elevar su cotización.
Y vaya desastre que le montó a una ciudad, a un club y a una gran ilusión. Como en el Carlos Tartiere en la anterior eliminatoria, el Pontevedra tuvo que luchar contra los elementos. Menos mal que en aquel momento Igor estaba en un momento dulce, sino ya los granates no habían pasado a la segunda ronda.
¿Es una casualidad que en Asturias y en Madrid el Pontevedra haya tenido que luchar sobre todo contra esos colegiados que no tienen personalidad?
El Pontevedra tendrá que seguir un año más en esta categoría odiosa. Insoportable. Pero por mucho que lo intenten no acabarán con este club y esta afición que ya quisieran para ellos muchos equipos de Segunda División y hasta de Primera. ¡Volveremos, vaya si volveremos!