El 3-0 al descanso sentenció al conjunto vigués ante un Murcia que llevaba tres meses sin ganar en su estadio
31 may 2010 . Actualizado a las 02:25 h.El Celta tendrá que sufrir más. La incógnita después de lo visto ayer en Murcia es cuanto. La cuarta derrota consecutiva como visitante ha acercado a los celestes a cuatro puntos del descenso con aún nueve por disputarse. La temporada no ha terminado ni mucho menos. La incapacidad viguesa ante contrarios en zona de descenso le condena a seguir peleando por la salvación hasta el final.
A los locales solo les valía ganar para seguir creyendo en sus opciones de permanencia. El medidor de su angustia dependía mucho de los minutos que pasasen antes de que se pusiese por delante en el marcador. Solo tuvo que transcurrir uno para que llegase su relajante. Un regalo defensivo celeste permitió a Chando hacer el primer tanto. El Murcia sin haber tenido tiempo para darle vueltas a la cabeza, ya tenía el partido donde quería.
La diferencia de calidad entre un equipo y otro iba a quedar clara muy pronto. Sin embargo, el problema del Celta es que esos quilates que atesora no los acompaña con un definidor. Ayer después de conceder el primer gol, perdonó a su rival el empate. Aspas dibujó perfecta la asistencia. Abalo solo tenía que empujarla. Con el portero batido, y todo a favor, la puso fuera. Fue el momento clave, y una vez más los vigueses lo desaprovecharon.
Los murcianos desde su guarida esperarían a poder asestar algún zarpazo. En una falta desde la frontal ejecutada con exquisitez por Bruno, encontraron el zapatazo idóneo. El medio centro, que ya había sido verdugo de los celestes la temporada pasada, puso el 2-0. Con una hora de partido por delante, y más de treinta grados de temperatura sobre el terreno de juego, levantar el resultado adverso parecía una misión imposible para el conjunto vigués.
Eusebio debió pensar lo mismo porque puso a calentar a Papadopoulos y Aarón de inmediato. Sabía que con lo que tenía, la ocasión de sellar la permanencia se había esfumado. Antes de que se decidiese a tomar medidas, Chando ya había sentenciado el encuentro. Con otra licencia de la defensa, el delantero murciano hizo el tercero antes del descanso, y el duodécimo tanto en su cuenta particular.
Sin esa capacidad de gol, el entrenador céltico tenía que darle a su equipo alguna solución para intimidar al contrario. Tras el intermedio llegaron los cambios, y al menos la imagen ofensiva ya era otra. Papadopoulos y Aarón daban una sensación de peligro de la que el Celta había carecido antes. Le faltaba marcar, y en una jugada a balón parado encontró el tanto. Trashorras lanzó un saque de esquina y Túñez cabeceó a gol. El canterano se estrenó como goleador con el primer equipo.
Al cuadro vigués le quedaba media hora para intentar la heroica. Su rival estaba atacado. El balón le quemaba y un nuevo tanto celeste le hubiese conducido al pánico. Por dos veces, Papadopoulos lo tuvo. Sus remates se fueron muy cerca del poste. Al final Kike hizo el 4-1 que parece demasiado premio, o un excesivo castigo para lo que sucedió en el campo. El Celta ha perdido con tres de los cuatro equipos en zona de descenso, y no ha sido capaz de ganar a ninguno de los de abajo en sus estadios. Esto explica el porqué el sufrimiento del aficionado vigués, por cuarta temporada consecutiva, se alargará hasta el fin.