Una primera vuelta para recordar y una segunda para el olvido. El Lugo, que mantuvo una misma cara en cuanto a la intención futbolística durante toda la temporada, no pudo, sin embargo, conseguir que el estilo le diese siempre los beneficios esperados. De tal forma que, en la segunda mitad del campeonato, sus números son de candidato al descenso. Tanto, que sólo uno de sus rivales obtuvo una renta más escasa: el último clasificado, el Compostela, con 17 puntos. Un compañero de ideas, el Montañeros, le anduvo a la par: consiguió los mismos 18 que los lucenses.
Cuando mejor estaba el equipo, el fútbol fue cruel con el Lugo. En la cresta de la ola de juego, se toparon con la imposibilidad de ganar. Lo que se tradujo en una racha de diez partidos en blanco. Las causas, una agudización del que ha sido principal problema durante todo el curso: el escaso acierto realizador en comparación con la enorme producción ofensiva. El máximo goleador (Maikel, con nueve), se mantuvo una buena porción de esos encuentros en el dique seco. Cualquiera que sólo mire la clasificación (el Lugo ha sido el tercer máximo realizador) no se creerá que las ocasiones marradas, claras, han sido numerosas. El otro punto negro radicó en determinada endeblez defensiva: los mínimos errores castigaron a Escalona, sobre todo los que llegaban tras jugadas de balón parado. En ese periplo oscuro el Lugo encajó 17 goles y sólo consiguió 7.
Pese a todo, las rentas de la primera vuelta (35 puntos) permitieron a los de Setién mantener viva, hasta casi el final, la llama de la pelea por la promoción.