La afición ya es de Segunda

Xabi Otero PONTEVEDRA/LA VOZ.

PONTEVEDRA

El apoyo de los más de 1.000 hinchas fue determinante en el triunfo del Pontevedra. Sus gritos de aliento no cesaron en ningún momento

10 may 2010 . Actualizado a las 02:10 h.

Un diez. La respuesta de la afición del Pontevedra volvió a ser extraordinaria y eso sirvió para sacar el billete para seguir soñando con el retorno a la élite del fútbol español. Los escritos aseguran desde la antigüedad que la fe mueve montañas y esa ilusión propició el desplazamiento masivo pese a las decepciones sufridas en las dos últimas temporadas y las enormes dificultades que entrañaba dejar fuera de la fase de ascenso al histórico Alavés en su propio feudo. Esa fue la primera clave del gran éxito alcanzado ayer en Mendizorroza.

Las más de 1.000 almas que se dieron cita en las gradas del santuario vitoriano demostraron una vez más que la hinchada del Pontevedra no ha dejado de ser nunca de Segunda. Sus gritos de aliento resultaron determinantes desde que empezó a rodar el balón y sirvieron para llevar en volandas a los jugadores de Pablo Alfaro, que se sintieron arropados como si jugaran en Pasarón.

Alejandro Vázquez había comentado en la previa del encuentro que el equipo estaba dispuesto a echar el resto para agradecer el desplazamiento masivo de los socios. Y lo cierto es que el primer regalo no tardó en llegar. El tanto de Ibán Espadas, a los dieciocho minutos, hizo explotar de júbilo a la marea granate y desde entonces todo fue mucho más sencillo.

Los aficionados soltaron los pocos nervios que todavía retenían en su interior y se entregaron por completo a la misión de conducir a sus ídolos hacia el sorteo de Madrid. El momento de mayor esplendor colectivo se produjo cuando el madrileño Ortiz Blanco decretó el final del encuentro.

La marea granate soltó un estruendoso grito y los cánticos, los abrazos y las muestras de felicidad se repitieron en cada esquina de la grada lerezana. El clásico «Pontevedra, Pontevedra», tan recurrente a lo largo de los 90 minutos, cobró cuerpo con una notoria ascensión en decibelios. La fiesta en Mendizorroza se prolongó durante otra media hora sin descanso.

«Estou flipando, estou flipando», espetó el presidente de la Federación de Peñas del Pontevedra en medio de un impresionante jaleo colectivo apenas cinco minutos después del final del encuentro. «Chámame máis tarde porque isto é a hostia», afirmó.

Varias horas de cantos

No escuchó el teléfono hasta cerca de las once de la noche. «Este foi un punto de inflexión para facer unha boa fase de ascenso. Estou afónico porque foi incrible. Pasamos nervios, pero tamén puidemos matar o encontro antes. De todos os xeitos as victorias sufridas saben mellor», comentó.

«Agora hai algo de tranquilidade porque estamos na primeira parada e a xente está a cear, pero a festa no autobús é impresionante. Non se parou de cantar dende que acabou o encontro. Agora todo o mundo quere ao Oviedo. Ao Melilla nin de coña», concluyó César Sotelo.