A las cuatro de la tarde, en la entrada al campo municipal de Guijuelo, solo cruzaban la puerta los conocidos del portero. Pese a que el club salmantino había declarado la jornada de puertas abiertas, el acceso era selectivo, solo libre para seguidores locales (o con pinta de serlo, pues se le negó el pase a racinguistas sin distintivos de su equipo). A los aficionados ferrolanos se les instaba a pagar sus entradas en taquilla.
El Racing, que esta vez no había pedido invitaciones al Guijuelo dado que la jornada era de puertas abiertas, se vio en un principio sin entradas. La medida afectaba a peñistas, directivos, familiares de jugadores... Al cabo de un rato, miembros de la dirección del equipo local accedieron ya a facilitar al club verde «cuantas invitaciones» quisiera. Pero ya solo Jonathan Martín, con familia en Salamanca, iba a estar arropado por más de diez familiares y amigos (dado que el partido era de acceso libre). Y la petición sería muy elevada (el Racing cede 30 en A Malata).
Media hora antes del partido, y después de consultar con el presidente del club local, el portero accedió por fin a dejar entrar a todos los espectadores, sin distinción alguna.