Día propicio para hablar de fútbol. El viernes está casi olvidado el último revés, aunque no para aquellos que agarrados a una tabla se mantienen a flote. Hablando con esa tranquilidad del seguidor que ve a su equipo por aguas tranquilas, uno observa las dificultades ajenas que surgen a los equipos en el campo, porque las económicas son tan gigantescas que impiden ver más allá. Llaman la atención las dificultades que se le plantearon al Getafe en sus dos partidos con el Sevilla, equipo que terminó confirmando aquel pronóstico que lo señaló como finalista desde el momento en que eliminó al Barcelona.
La última imagen es la que más se tiene en cuenta. Por esto se resalta la malísima impresión que el Sevilla dejó en Getafe, en donde su portero lo salvó del desastre. El equipo del discutido Jiménez eliminó al Barcelona y al Deportivo, perdiendo en su campo los dos partidos de vuelta. También perdió en Getafe, en donde los hombres de Míchel pusieron tanto fútbol como desperdiciaron ocasiones de gol, malogradas ante Palop, quien siguió cerrando el camino a los desesperados intentos de Soldado y compañía que buscaron sin desmayo el 2-0 para una más que merecida prórroga.
El fútbol es así, y así es la Copa, competición de fútbol que más emoción ofrece por partido jugado. Por algo se la conoce como el torneo del k.o.