Aunque el Obradoiro tuvo sus opciones y no hubiese sido injusto que se hubiera llevado la victoria, por lo mucho que trabajó y porque la buscó hasta el último segundo, hay que reconocer también los méritos de un Valladolid que dejó una gran imagen en el Multiusos de Sar.
El equipo de Porfirio Fisac demostró un muy buen hacer en ataque, sobre todo cuando pudo hacer un baloncesto directo.
Supo leer el partido y sacar provecho del poderío físico de sus dos pívots, la pareja Batlle-Barnes. Especialmente este último, que anotó canastas importantes tomando decisiones correctas. Al Obra le faltó peso en la zona. No es cuestión de acordarse de los que no están, pero a nadie se le escapa que fue el Valladolid el que ganó la batalla debajo de los aros.
Una de las claves pudo estar en el tercer cuarto, muy loco. El equipo de Curro Segura consiguió bastantes recuperaciones de balón pero incurrió en el pecado contrario, en el de las pérdidas, en momentos importantes para hacer daño.
En el último cuarto, a pesar de que el parcial fue favorable al Obra, el Valladolid estuvo más fino en ataque. El Obradoiro le puso mucho corazón y casta, pero el rival no se extravió.