Ha pasado un año desde que el balonmano español sufriese una de las mayores decepciones de toda su historia. El desastre del Mundial de Croacia no es de los que se olvidan fácilmente. No obstante, el tiempo, que todo lo cura, nos demostró una vez más que acudir a un campeonato de este nivel requiere un trabajo planificado en el tiempo. Todos creímos que los curriculums de nuestros técnicos podrían ganar por si solos y, quizás, tenían algo mágico para superar cualquier adversidad. ¡Vaya pesadilla!
Ahora no caben excusas. Debemos recuperar el prestigio. La calidad, valentía y confianza de nuestros jugadores debe apoyarse siempre en la cohesión y la fortaleza que dan el trabajo con método y las directrices de una dirección técnica moderna, ágil y basada en el conocimiento de nuestras posibilidades.
La selección se ha renovado con jóvenes de gran proyección y con la nacionalización del mejor portero del mundo. Mimbres de primera calidad para trabajar con perspectiva de futuro, pero sin olvidar que la historia nos obliga a demostrar hasta los Juegos de Londres 2012 que cada año nos hacemos merecedores de mayores elogios.
Los torneos de preparación dejan muchas dudas y juego muy irregular, a pesar de que los rivales eran de medio pelo. La defensa 6:0 necesita contundencia y solidez en el bloque central. En ataque la mayor novedad puede ser la utilización de un diestro (Iker Romero) en el lateral derecho, siguiendo la estela táctica marcada por los franceses. Si de sensaciones se tratase: podemos ganar a cualquiera pero también perder con el más tonto. Más que nunca debemos ganar el primer partido.