El Celta B no pasa del empate en su peor día ante un Mirandés que terminó con nueve en Barreiro

X.R. Castro

VIGO

26 oct 2009 . Actualizado a las 18:41 h.

No era el día del filial. El partido con el Mirandés se torció desde el pitido inicial y acabó en un mísero empate. Un raquítico botín teniendo en cuenta que los burgaleses acabaron con dos menos sobre el campo, pero el empuje de los vigueses tan solo sirvió para encerrarles en sus área. No para apuntillarlos.

El Celta B más obtuso hizo acto de aparición en un día gris. El Mirandés salió a presionar y se encontró con un penalti a las primeras de cambio. Unas manos de Richi Hidalgo dentro del área posibilitaron a Agustín abrir la lata.

Y del mismo modo llegó el empate de un filial que nada había ofrecido. Incapaz de dar dos pases a derechas y de acercarse a la meta de Iván Gómez, encontró en unas manos de Raúl García el salvoconducto hacia la igualada. Oriol lanzó con maestría y equilibró antes de la media hora.

El delantero catalán, el único enchufado en el cuadro de Milo, protagonizó a continuación el mejor golpe del partido. Una volea en la frontal fue desviada con apuros por el meta burgalés. Todo lo demás fueron imprecisiones en medio campo y un carrusel del faltas ante un rival bien plantado y hizo de la presión su razón de ser.

El segundo tiempo se jugó el waterpolo. El diluvio del descanso convirtió el césped de Barreiro en una piscina y el Celta B en superioridad, por la expulsión del lateral derecho del Mirandés comenzó a meter todos los balones posibles al área esperando un rechace o cualquier accidente con el que decantar la balanza. Sin embargo una indecisión de Alba en defensa a punto estuvo de decantar la balanza para el Mirandés en su única contra de todo el segundo tiempo.

En la recta final el Celta B incluso se quedó con dos jugadores más sobre el campo, pero su empuje no efectividad. Pillado, que salió al campo y le dio otro aire al cuadro local, fue quien mejor entendió la batalla, pero sus centros y sus balones colgados no encontraron definición.

Y lo peor, es que en todo el segundo tiempo el equipo de Milo Abelleira apenas fue capaz de crear oportunidades. Una caída de Toni dentro del área y un lance postrero de Dani Gaíl fue todo el bagaje, demasiado rácano para superar el orden de un Mirandés que se revela como un mal enemigo a domicilio. Parece además, que el aura de suerte que acompañó al filial ha desaparecido del mapa.