Callado, risueño, humilde y trabajador. Iván Pérez Maceira (Santiago de Compostela, 1985) es el orgullo de dos padres. El biológico se llama Jorge Pérez. Jugó en el años ochenta en el Compostela y fue su ídolo, su referente. De él aprendió a acariciar el balón en cada jugada a balón parado. «No he visto a nadie lanzar las faltas como mi padre», recordaba hace unos meses en declaraciones a La Voz.
Iván Pérez se formó en las categorías inferiores del Conxo. Siempre destacó por el golpeo de balón. Pero el que apostó decididamente por él fue el recientemente fallecido José Luis Vara, su padre futbolístico. El ex capitán blanquiazul lo acogió en el Laracha como a un hijo más. Allí lo formó como jugador y le inculcó unos valores deportivos poco usuales en el mundo del fútbol: humildad y trabajo. Aquel Laracha se codeó entre los grandes de Tercera.
Tito Ramallo se fijó en él y lo llamó para el Fabril. Su paso por el filial blanquiazul transcurrió de éxito en éxito. Ascendió con el equipo a Segunda B y en su segunda temporada llegó a liderar la categoría de bronce. Solo una inoportuna lesión de hombro lo apartó de la competición en la segunda vuelta. Quién sabe si aquel Fabril hubiera podido lograr el ascenso a Segunda A con Iván Pérez sobre el verde. Curiosamente, la lesión del mediapunta santiagués obligó al equipo a fichar en el mercado de invierno de la 2007/08. Lassad fue el elegido. El pasado curso, Iván y el delantero franco-tunecino formaron una de las parejas de la Liga hasta que este último abrió la puerta del primer equipo. Hasta la llamada de Lotina, de los ocho goles de Lassad, seis habían contado con la asistencia del compostelano.
El Fabril no consiguió salvar la categoría y descendió a Tercera este verano. Iván Pérez acabó la Liga con ocho goles y 15 asistencias. Números que hablan por sí solos. Sus pases entre líneas rompiendo el fuera de juego, sus lanzamientos de faltas o saques de esquina y sus centros desde la banda lo convierten en un jugador muy completo que puede actuar en cualquiera de las tres posiciones de la mediapunta.
Hasta ayer, su única espinita en su paso por el Deportivo era no tener una oportunidad con el primer equipo. Caparrós ya lo había llevado una semana a entrenar junto a Rubén Rivera. El utrerano se comprometió ante la prensa a que uno de los dos sería titular. Las palabras se las llevó el viento y esa semana ambos jugaron con el Fabril. Lotina ha hecho justicia tres años después. El tiempo siempre pone a cada uno en su sitio.