Los pontevedreses se sienten mucho más seguros con los palistas entrenando en ?la ciudad, porque han salvado la vida a numerosas personas que se cayeron al agua
11 jun 2009 . Actualizado a las 03:15 h.El secreto de los impresionantes éxitos del piragüismo gallego a nivel europeo y mundial parece haber quedado al descubierto. Hasta ahora los expertos estaban convencidos de que los títulos internacionales y olímpicos de David Cal, Perucho o Teresa Portela solo estaban motivados por la buena política de cantera, el entrenamiento a destajo y los cuidados alimenticios y de toda índole propios de deportistas profesionales que cobran como aficionados.
Sin embargo, el último condimento de la fórmula estaba escondido. Se trata ni más ni menos del sosiego que adquieren los palistas y los técnicos pontevedreses a base de entrenar en el río Lérez, ya que en muchas ocasiones se han visto obligados a vivir y participar en escenas dramáticas que quitarían el hipo a cualquiera.
Y es que los nervios se templan mejor en una final después de asistir al rescate de cadáveres, de sacar del agua a niños y adultos moribundos y a personas que se tiran al río con la intención de suicidarse. La única recompensa que han obtenido a los largo de los años por ese trabajo sin remunerar es el regocijo personal de salvar una vida y el título honorífico de rescatadores del Lérez.
El último caso se produjo este martes. Suso Morlán abandonó el entrenamiento de David Cal al atender una llamada del 091 para evacuar con su zódiac a un hombre que se había caído al río mientras trabajaba en la estación de bombeo de Pontevedra.
Suso Morlán
«Ya he perdido la cuenta de los rescates que llevo»
El técnico de David Cal es un experto en estas lides. «Recuerdo que el más complicado fue el de un niño que se estaba bañando en Monte Porreiro. Lo pasé mal para subirlo porque estaba solo en la motora y pesaba bastante», explicó Morlán. «Se encontraba con un amiguito, que tuvo que esperar porque estaba menos ahogado. Pesaba unos 50 kilos, que en el agua se levantan bien, pero cuesta mucho subirlos a la lancha en superficie y sin tocar pie», matizó.
«Salvé a una chica que se había tirado al agua para nadar»
«Los piragüistas han vivido muchas cosas similares y seguro que, como yo, tienen experiencias curiosas. Así, hace muchos años, en pleno invierno, una señora se descolgó del puente del Burgo y gritaba '¡que me tiro, que me tiro!'», comentó.
«La gente me llamó para que me acercara con la motora. La vi chillando y se tiró. Lo simpático es que al tocar el agua pegó un grito enorme porque estaba helada. La subí a la lancha y la dejé en la gasolinera del puente del Burgo. Pensé 'si no se muere de esto, lo hará de la pulmonía'. Toda la gente a la que he ayudado está muy agradecida, excepto esta. Encima se enfadó porque la ayudé y quería morirse».
Javier Villanueva, «Jabucho»
«Hai pouco saquei a un morto portugués coa lancha do clube»
El veterano piragüista Jabucho también puede contar algunas historias de este tipo. «Xa xaquei a unhas cantas persoas e hai pouco, a un portugués morto que apareceu flotando. Os bombeiros non tiñan lancha e tiven que ir buscalo eu coa zódiac do clube. Deume algo de impresión, pero o que máis me preocupaba é que o viran os rapaces é lle colleran medo ao río», afirmó.
«Hai dous ou tres anos salvei a un rapaz que estaba afogando»
La suerte es determinante en estos salvamentos. «De todos os que fixen o máis angurioso foi o dun rapaz que estaba afogando. Foi unha casualidade que pasara por alí. Voltaba do enterro da miña sogra e ía buscar roupa que me quedara no clube o día anterior. Tireime vestido con zapatos, camisa e pantalón vaqueiro porque xa o vin afundirse. Custoume moitísimo sacalo porque a marea estaba a baixar, tiña a corrente en contra e o neno atopábase moi nervioso. Agarroume polo pescozo e tiven que levalo arrastrándoo. Paseino moi mal porque non daba chegado á beira do río», afirmó.
«Bendito olvido. Os pais non teñen xeito de agradecermo, fixéronme agasallos, fun á comunión e teño un contacto moi próximo con eles», reconoció.
«Unha rapaza quíxose suicidar e case nos mata a nós»
«Temos unha anécdota chula que nos ocorreu con 16 anos. Unha rapaza tirouse da ponte da Barca e caeu ao lado da nosa piragua. Quísose suicidar e case nos mata a nós. Asustounos tanto que estivemos a paladas con ela porque nin sequera sabiamos o que era. E logo por enriba tivémola que sacar da auga. Rímonos moito cada vez que lembramos a historia», apuntó.
«Nunca pensas que podes quedar ahí ata que remata o rescate»
«Non te tiras se o sopesas ben. As Administracións deberían dotar ao río dun grupo de rescate ou de alguén que vixíe. Os piragüistas estamos para o que faga falta, pero ao mellor non andamos polo Lérez cando nos precisan», apuntó.
Josechu Roel
«Choqué con la motora contra un coche para romperle los cristales»
El ex director técnico de la FGP sacó de su vehículo a un hombre que había caído al río con una maniobra arriesgada que le produjo varias heridas en sus brazos durante un entrenamiento con jóvenes piragüistas. «Estaba lejos del coche. Le abrí gas a la motora y choqué contra él para romperle las ventanillas. Los chavales se portaron como unos valientes», dijo.
El rescate se complicó porque no logró soltar el cinturón que mantenía al accidentado atrapado bajo el agua. «He trabajado como socorrista y ya había sacado a alguna gente, pero nunca en una situación tan extrema y tan al límite. No era capaz de soltar el cinturón y temía por la vida de esa persona. Pensé que se me iba y se moría en mis brazos, pero un chico se acordó de que en el galpón teníamos cúteres y sierras. Fue muy hábil porque el agua estaba muy fría. Fue tocar el cinturón con el cúter y se soltó», desveló.