La falta de puntería y la lámpara maravillosa de Lassad

DEPORTES

26 abr 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

El Dépor controló y llegó más veces a la portería contraria, pero le falló el remate. Pese a sus ganas por encaramarse a Europa y que jugó para ganar hasta que el árbitro pitó el final, tuvo que volver a ser Aranzubia quien volviese a salvar a su equipo con su tercer penalti detenido en la Liga, que se une a los de la tanda decisiva contra el Brann en la UEFA.

Lotina sorprendió con la alineación conjunta de Bodipo y Lassad. Fue la primera vez en la Liga que el entrenador situaba de inicio un esquema con dos delanteros. La medida, aunque destaca el buen momento de Lassad y refleja su confianza en el acierto ante la meta rival de Bodipo, llevaba al Dépor a prescindir de sus dos principales artilleros esta temporada. Lafita, con ocho goles, no viajó por decisión técnica, y Verdú, con seis, acabó sentado en la grada. Y se acabó notando.

La primera parte se dividió en veinte minutos para soñar y otros veinte para olvidar. El francés ejerció como mediapunta y llevó la batuta de su equipo. Apoyado por Juan Rodríguez, que barrió todo el centro del campo, el Dépor mareó a un Málaga que nunca ejerció como equipo local y que se tuvo que contentar con sacarse de encima el dominio de su rival.

El partido se disputaba en torno al área de Goitia. En pleno asedio, el gol pudo llegar en disparos envenenados del propio delantero francés y de Manuel Pablo. Pero Goitia respondió con brillantez y se redimió de sus pifias del partido de la primera vuelta. El Dépor estaba tan lanzado a por la victoria que llegó a adelantar su defensa hasta el mediocampo, todo un aviso de que iba en serio a por un partido que no se podía escapar.

Luque adelantó al Málaga con una polémica falta indirecta desde dentro del área y al equipo coruñés se le apagó la luz. Perdió el balón, sufrió un aluvión de llegadas de su rival y se ofuscó en pelotazos hacia ninguna parte. Incluso pudo recibir un segundo tanto en un disparo al palo de Duda.

Pero llegó el descanso y Sergio devolvió el pulso a los deportivistas. Su gol reabrió aquellos buenos minutos del inicio del partido, cuando Lassad frotaba la lámpara y Guardado, que completó un gran segundo período, encogía el corazón de La Rosaleda.

En su afán por buscar el gol de la victoria el Dépor nunca ahorró esfuerzos. Ni siquiera Lassad, que acabó desfondado. Hubo contragolpes en los que atacó hasta con cinco futbolistas, pero se estrelló siempre contra su gran rival de la temporada: la falta de puntería.