Los dos entrenadores que tuvo el club granate esta temporada tropezaron en el mismo obstáculo: su fragilidad
21 abr 2009 . Actualizado a las 11:32 h.Si alguien dudó de la capacidad de Rafa Sáez como entrenador, sería bueno que le restituyese su capacidad. El técnico pontevedrés, que había conseguido estar ocho jornadas seguidas sin conocer la derrota inició el calvario que puso en duda su capacidad como entrenador al encadenar posteriormente ocho encuentros sin ganar.
Curiosamente, el equipo que acabó con el efecto Aurelio Gay fue el Valladolid B, después de que diecinueve jornadas antes el Pontevedra de Sáez le endosase un inapelable 3-0 en Pasarón.
Las trayectorias de ambos entrenadores han sido muy similares. Con los sobresaltos habituales de cualquier temporada, Sáez gestionó bien su etapa en la primera vuelta. Después se atascó y se encontró con su destitución en la jornada veintitrés a raíz de la goleada recibida en el estadio de la Ponferradina.
La llegada de José Aurelio Gay dio oxígeno al vestuario. En dos jornadas, en las que sumó un punto ante el Celta B y perdió con el Real Unión en Irún, a partir de ese momento marcó diferencias.
Buen juego, desborde por las bandas, excelente actitud y victoria tras victoria durante seis compromisos consecutivos de Liga. Fueron muchos los aficionados que se frotaron los ojos cuando comprobaron que el Pontevedra había vuelto a la cuarta plaza, de la que durante muchas jornadas ya había ostentado el equipo granate con Sáez en el banquillo.
La diferencia era que la capacidad de maniobra se había reducido muchísimo para que el técnico madrileño llegase a tocar el cielo.
Paralelismos
Pero fue precisamente en los mejores momentos cuando el Pontevedra se desinfló. Con Rafa Sáez fue al iniciar sus enfrentamientos con la Cultural Leonesa y tres gallegos: Lugo, Ciudad de Santiago y Racing de Ferrol. No deja de resultar curioso que el Pontevedra volviese a cometer los mismos errores que en la segunda vuelta contra lucenses y santiagueses.
Les puede la presión
Si efectivamente ese paralelismo se sigue manteniendo, mal le irán las cosas al Pontevedra el próximo domingo ante el Racing de Ferrol en A Malata.
Lejos de los tópicos de falta de entrega, de que no sienten los colores y otros términos que en este tipo de situaciones surgen habitualmente, el gran problema del Pontevedra en las últimas temporadas es su fragilidad cuando hay presión.
Solo habría que remontarse a la pasada fase de ascenso contra el Ceuta. Las bajas en el partido de vuelta fueron alarmantes. Igor y Bonis con problemas de espalda, Jonay, Iosu Rivas y Fran Rico fueron bajas en una jornada decisiva que pudo cambiar el futuro del equipo.
Si le unimos los problemas defensivos que tiene el actual Pontevedra, nos encontramos con una situación crítica, al límite del desafío. Porque a pesar del correctivo que le infringió el Ciudad de Santiago aún tiene opciones.