Las últimas cuarenta y ocho horas han sido eléctricas. Apenas ha podido descansar. Desde que La Voz destapara su caso, el ghanés Albert Essilfie ha recibido visitas, flashes, focos de televisión y el primer espaldarazo económico. Ha pasado de ser un adolescente anónimo, que llegó a esconderse como mercancía de un navío, a un tipo admirado por los galones que le ha puesto a la vida.
Su historia ha conmovido, pero también ha despertado el ánimo solidario. «Hay que dar algo de lo que tenemos, que viendo lo que pasó este chico, tenemos demasiado», reconoce Antonia Mouriño, presidenta de la peña celtista Quinocho, y una de las primeras personas que se puso en contacto con el Gran Peña para ofrecer su colaboración.
Mouriño ingresará esta mañana en la cuenta que ha dispuesto el club su granito de arena. «Voy a hacer una transferencia de 200 euros, su historia me parece muy dura y quiero ayudarle. Es un chaval que está perdido si no existiera gente con buen corazón», añade la empresaria.
Las aportaciones de los compañeros de Albert han servido para que muchos batan sus palmas en señal de reconocimiento. Mouriño admira el gesto pero lo lamenta. «Que los críos tengan que darle cada uno treinta euros al mes me parece bochornoso. Hay instituciones que se gastan mucho dinero de todos en cosas que no sabemos ni a dónde van. Debería caérseles la cara de vergüenza viendo esto», añade una de las socias más veteranas del Celta.
El presidente del Gran Peña, Ricardo Lores, se muestra agradecido. «Nos llamó cuando leyó La Voz muy interesada por realizar una aportación económica, es bonito ver que hay gente que da el paso en la medida de sus posibilidades. Solo podemos agradecerlo». Y es que, en todas estas historias, hay quien se arrima al drama solo para cubrir el nudo que le revienta el estómago. Pero luego desaparece sin cumplir lo prometido. El Gran Peña confía en la palabra dada por el Concello, que ha vuelto a interesarse por la evolución del joven y tiene pendiente concretar su ayuda.
El mal papel del Bouzas
Aunque públicamente no quieran admitirlo para no profundizar en la herida, en el seno del Gran Peña existe malestar por la falta de deferencia del Rápido de Bouzas, el rival de aquel fatídico día para Albert. La lesión fue fortuita pero ningún miembro de la directiva ni de la plantilla boucense se han puesto en contacto con los peñistas para preocuparse por la evolución del ghanés.