La plantilla juvenil no cobra ni un euro del club. La mayoría estudia y vive con sus padres. Solo un par se han codeado con las nóminas. Pero, sin embargo, todos han querido echar un cable. Iago ejerce de capitán. «Es un palo enorme e intentamos ayudarle entre todos con lo que podamos».
Los chavales recortarán su ocio para colaborar en el pago del alquiler y la comida. «Vamos a darle entre veinte y treinta euros al mes cada uno del equipo para que tire, porque ahora, al quedarse sin trabajo, tiene difícil seguir», apunta Diego.
El próximo fin de semana, antes del partido, lucirán una pancarta para mostrar públicamente su apoyo bajo el epígrafe de «Ánimo Albert». La dificultad económica no es lo único que raspa la conciencia de sus compañeros. «No tiene familia aquí, lo único con lo que cuenta somos nosotros, somos sus amigos y no queremos fallarle en un momento así», añade Borja.
Ninguno es capaz de ponerse en lugar de Albert. «A nosotros siempre nos ayudó nuestras familias, él se ha tenido que buscar la vida siendo un niño y tiene mucho mérito».