Fueron sólo 23 minutos sobre la cancha. !Pero qué minutos! Hace justo un año, el Breogán disputaba las semifinales de la Copa Príncipe, la misma que este fin de semana enfrentará a Melilla y Alicante. Daniel Clark apenas llevaba unas semanas en Lugo, con apariciones esporádicas en las que se intuían retazos de su innegable calidad.
Llegaron las semifinales. El Leche Río Breogán se medía al anfitrión -un CAI Zaragoza que retornaría a la ACB- y Paco García dio entrada en el quinteto inicial a un mocetón rubio, de larguísimos brazos, un tanto desgarbado aunque con la suficiente coordinación y motivación como para dinamitar un encuentro que sería clave y se decidiría por un solo punto (95-96).
Clark hizo uso, y abuso, de su envergadura para realizar una defensa asfixiante a sus pares, para taponar con facilidad. Desmelenado, utilizó el aro como un columpio del que colgarse para mostrar su supremacía bajo el tablero, reboteó con colocación y mostró una buena muñeca para anotar desde la línea de 6,25. Todo un despliegue de facultades del que se aprovecharía el equipo para plantarse en la final. A nadie dejó indiferente, y menos al rival del día siguiente, al Alicante, que le regaló una defensa de la que apenas pudo despegarse.
Clark siguió en Lugo hasta el último instante, cuando se esfumaron, en una fatídica tarde de Cáceres, y ante el Bruesa, todas las opciones de ascenso. Entonces, el inglés sólo estuvo 8 minutos en cancha.