Patada a Messi cada 7 minutos

DEPORTES

15 dic 2008 . Actualizado a las 11:59 h.

Jarrea en Barcelona, pero el agua no sienta a Guardiola en el banquillo. Perdida su habitual corrección, el entrenador salta, grita y gesticula hasta llamar la atención de Medina Cantalejo. El árbitro se acerca a la banda y le exige volver a la zona técnica. Guardiola no hace caso y señala el centro del campo. Allí se retuerce Messi, mientras Gago toma distancia. El madridista acaba de marcar la pierna de su compatriota con los tacos.

La cuarta falta al extremo argentino en 13 minutos de partido tampoco merece tarjeta. La primera, a los cien segundos se la apuntó Guti, pero la hizo al alimón con Sergio Ramos. El improvisado lateral izquierdo repitió en el minuto cinco y en el diez, Sneijder pisó el tobillo de la Pulga, que había caído al medio en busca de un refugio anti patadas.

La patria no hace amigos y es precisamente el argentino Gago, patrón en la medular madridista el que deja claras las instrucciones al equipo: «Que no la mueva». Y el equipo obedece, con el beneplácito del colegiado andaluz, indiferente a los gritos de Messi y puntilloso con los de su entrenador.

Enfado de Guardiola y tarjetas

Sin embargo, el enfado de Guardiola despierta a Medina Cantalejo, que de repente se acuerda de las tarjetas, a tiempo para premiar con una amarilla la quinta patada al menudo extremo. El premiado: Sergio Ramos, que repetía hachazo a la rodilla. La cadencia de golpes ha decaído y entre la cuarta y la quinta han pasado quince minutos. Un cuarto de hora en el que la Pulga solo ha tocado un balón -flojo disparo a puerta tras jugada personal-. El tráfico, casi siempre en sentido único, hacia la portería de Casillas, ha cambiado de banda y son Eto'o y Henry quienes por un tiempo han sufrido los rigores del ardor madridista. Al menos, el camerunés ha arrancado otra cartulina para Metzelder.

De vuelta a la derecha del ataque del Barça, Ramos debe mostrarse cauto para no ganarse la segunda, así que requiere la ayuda del voluntarioso Drenthe. El holandés, alérgico a la orfebrería, también la toma con Messi y lo atropella. Es la falta más suave de la noche, pero también merece tarjeta. «Una, dos, tres», indica el árbitro para justificar con la reiteración el castigo. Al trencilla no le bastan los dedos de una mano; la Pulga se ha llevado seis palos en 42 minutos. Más de la mitad de las patadas de los jugadores del Real Madrid en la primera parte (11) han hecho diana en el menudo cuerpo del extremo, que resopla aliviado cuando el partido llega al descanso.

Del extremo, al centro

A palos también se aprende y todo cuerpo tiene un límite: harto de Ramos y Drenthe, Messi cambia de posición y pasa al centro del tridente. Resultado: no recibe un golpe más durante el resto de partido. Curiosamente, por fin recibe atención preferente de Medina Cantalejo. Transcurrida una hora de encuentro, el colegiado regaña al argentino por hacerle falta a Gago.

En la nueva demarcación, la Pulga baja su rendimiento y apenas interviene hasta que, en el minuto 90, Hleb observa su desmarque a la contra y envía el balón para que haga el segundo del Barça. El goleador, como antes había hecho Eto'o, celebra el tanto sin camiseta. Para el árbitro, el gesto vale más que cien patadas y le saca la amarilla.

Dudas sobre la premeditación

Acabado el encuentro, las declaraciones post partido se centran en descifrar si la caza de Messi surgió de manera espontánea o fue ordenada desde el banquillo. Juande, principal sospechoso, se defiende: «Acostumbra a llevar siempre la pelota pegada al pie. Es normal que le hagan muchas faltas, pero no vi excesiva violencia en ellas». Su colega Guardiola, aplacado por el resultado tampoco quiere hacer sangre: «Ni por asomo creo que el Madrid fuera a hacerle daño de manera premeditada».

¿Y qué dice quien ejercía de presa en esta cacería? «Aunque recibí alguna falta demasiado dura, son cosas del partido. Tengo un par de marcas, pero estoy tranquilo. No me han descentrado». El gol resultó mejor bálsamo contra las patadas que cualquier espinillera.