Un Lugo sin capacidad de respuesta toca fondo ante un seguro Zamora

Marcos Pichel

CDLUGO

Los rojiblancos sólo dieron sensación de peligro ante los visitantes, a la desesperada, en el tramo final

12 oct 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Sin juego, sin ocasiones, sin goles. Ninguno de los preceptos que rentabilizan el fútbol puso ayer sobre el césped el Lugo. El Zamora aguantó y marcó, y los rojiblancos siguen con su solitario punto en los últimos cinco partidos.

Salía el Lugo con una consigna aprendida durante toda la semana: buscar la portería rival de la forma más directa posible. El precepto claro, pero llevado a la práctica como un autómata, sin ideas para desarrollarlo. Ni se acercaba a la puerta de Dani, ni encontraba la manera, ni en un pase, ni en dos, ni elaborando, aunque a los jugadores de medio campo les saliera un cierto tic de tocar el cuero que tampoco resultaba efectivo. La intención inicial, presionar arriba, llevar la defensa al medio campo, se diluyó así que los zamoranos decidieron que debían dar un golpe de jerarquía.

Un buen número de cambios en el once de Valverde (que descargaba con manotazos en el banquillo el desacuerdo con las decisiones de sus jugadores). Desaparecía Moncho de la alineación -y del banquillo-; Diego López pasaba del lateral izquierdo al derecho; Losada se colocaba como interior izquierdo y Mauro, derecho; Rubén Pardo solo en la delantera, con Noguerol de enganche. Sergio se quedaba en el banquillo. Los rojiblancos no conseguían ningún contacto con el balón, y es que dos de los jugadores obviados en la enumeración anterior, precisamente los mediocentros, Pablo Ruiz y Alberto García eran, pero no estaban. Se les esperaba. Sus homólogos Curro Vacas y Marcos eran los amos, y se enseñorearon de ello desde los ya casi minutos iniciales. El propio Marcos se encargaba de revivir la historia de cada partido de los lucenses este curso: empezar por detrás. Como una pesadilla recurrente, una jugada a balón parado mal rechazada por Javi Muñoz, barullo en el área, y el más listo siempre el contrario. Era el minuto 26, casi una repetición de lo sucedido diez minutos antes, pero el gol zamorano fue anulado por fuera de juego.

El equipo castellano centraba sus ataques por la banda izquierda, donde Diego López no era capaz de detener sus continuas acometidas. Una tarjeta amarilla, y Valverde lo dejó en la caseta al descanso, colocando en su lugar a Pablo Ruiz. Se cerraban los huecos atrás, aunque para entonces, los verdes ya se dedicaban a vivir de las rentas de su gol, a tratar de asustar a la parroquia local, como consiguieron alguna vez, a la contra. Pudieron sentenciar en el minuto 85, aprovechando la total anarquía en la que reinaba el Lugo.

La producción ofensiva de los locales fue escasa. Apenas un desmarque o una conducción de Noguerol, y un tiro de Mauro antes de que entrase en la segunda mitad Sergio y Valverde colocase a toda la artillería. La afición se ponía nerviosa, aunque de los pitos pasaba a la indiferencia, al silencio, a la tensa espera en busca de alguna ocasión, que en la segunda mitad escaseaban. Un impulso de Sergio, continuado por un remate al larguero de Arroyo, acabaron con el sueño del empate.