Villalonga amenaza con volver en quince días para comprar las acciones de Soler

P. G.

DEPORTES

Se convertiría de nuevo en el dueño del club ché.

27 jul 2008 . Actualizado a las 02:27 h.

El caos que gobierna al Valencia en los últimos meses va camino de enquistarse, demostrando una capacidad destructiva sin límite. Los desencuentros entre el ex presidente de Telefónica Juan Villalonga y los dos máximos accionistas del club, Juan Soler y Vicente Soriano, parecen solo el comienzo de una guerra prolongada, ya que el gestor saliente amenaza con regresar a las bravas para adquirir los títulos necesarios para convertirse en el propietario ché.

Mientras, Soler y Soriano (antaño enemigos hasta el insulto) echan tierra sobre Villalonga y proclaman su programa salvador, que pasa por la venta de Mestalla y la permuta con el Ayuntamiento de unos terrenos cuya propiedad no consigue acreditar. Aseguran que no será necesario vender a los futbolistas estrella. Es decir, todo lo contrario al discurso de Villalonga.

La guerra de despachos, además de la imposible sociedad Soler-Soriano, ha generado un baile de directivos que dio con Azkargorta en el paro y el ex capitán ché Fernando Gómez en la vicepresidencia deportiva, dejando vacante el puesto de director general de deportes del gobierno valenciano. Juan Sánchez, con un pie en la calle hace unos días, ahora se ha visto reforzado de nuevo como secretario técnico.

Tanta entrada y salida ha traído a colación un debate de indemnizaciones que también terminará mal. Soler y Soriano aseguran que hubieron de pagar unos diez millones de euros de compensación a Villalonga, que desmintió haber recibido el dinero y amenazó, de paso, con volver en menos de quince días para pagar los 76,7 millones de euros que cuestan las acciones de Soler. Esto convertiría al ex presidente de Telefónica en el dueño de un club con 780 millones de deuda, según sus propias palabras.

Protestas y manifestaciones

Las promesas de salvación han generado sacudidas en la opinión pública y los aficionados del Valencia silbaron a Soler y Soriano en las últimas horas como días antes habían abucheado a Villalonga.

Los socios estarán atentos a la evolución de unos acontecimientos que no se antoja nada sencilla. Nadie sabe qué consecuencias puede tener la relación Soler-Soriano cuando el primero prometió vender sus acciones a Villalonga, pero se las cederá al segundo, que no sabe cuándo va a pagarlas, pero que ahora ejerce de presidente tras haber dimitido de la vicepresidencia hace un año de forma irrevocable, denostando a Soler hasta más no poder. Entre tanto, el ex presidente Agustín Morera, se libera de su cargo de conciencia con un simple «pido perdón por estas situaciones rocambolescas».

La incógnita inmediata pasa por conocer cómo resolverán los gestores las urgencias de un Valencia en serio riesgo de disolución, con muchos problemas para pagar los sueldos de su plantilla.