Contador frente a la montaña

DEPORTES

Al Giro 2008 le quedan tres días de vida. Poca pero intensa. El Mortirolo ya asoma en el horizonte. La carrera se pone cuesta arriba hoy y mañana. Son los Alpes. Y después se cerrará con una crono. Alberto Contador (Astana) tendrá que batallar primero con la montaña y después contra el reloj si quiere mantener su maglia rosa. Antes de la tormenta, el madrileño disfrutó de un día de calma, una jornada con meta en Varese en la que el alemán Jens Voigt (CSC) ganó en solitario. El líder llegó al abrigo del pelotón, junto a sus rivales.

El primer examen final de Contador será la jornada de hoy, con un recorrido de 228 kilómetros con salida en Legnano y las cimas de Vivione, Presolana y Monte Pora, que marca la meta. Un aperitivo alpino con ese veneno inherente a todos las etapas que presentan final en alto.

Allí donde sufrió Indurain

Si en el pelotón se debate hasta qué punto la etapa de hoy puede marcar la general, los nombres que asoman en las cimas de mañana invitan a la épica. El pelotón vivirá su vía crucis particular desde Rovetta hasta Tirano. Serán 224 kilómetros trufados con ascensiones míticas. El Gavia, la cima Coppi, con 2.618 metros de altura, el paso del Mortirolo (1.854 m) y Aprica. Parte del escenario que ofrece la etapa ha sido la tumba de muchos corredores en el Giro. Y uno de los pocos lugares que arrancaron el sufrimiento de Miguel Indurain en pleno apogeo de su reinado, en 1994. Gracias a aquel día, Berzin tocó la gloria que nunca más volvería a saborear. No es extraño que el navarro, último vencedor español en Italia, asegure que la clave de la carrera está en el Mortirolo, el puerto de 12,4 kilómetros y un desnivel medio del 10,5%.

La crono final

Pero el último capítulo del Giro estará dedicado a las máquinas del tiempo, aquellos con cualidades en la crono. Se disputará una contrarreloj de 28,5 kilómetros. Un terreno que no gusta ni a Ricardo Riccò ni a Gilberto Simoni, el segundo y el tercer clasificados. Las amenazas para Contador. Pero antes de la llegada a Milán, la montaña puede repartir nuevas cartas entre los más fuertes del pelotón.