Sergio, Coloccini, Rubén o Munúa tuvieron desencuentros con el utrerano, que levantó trincheras en la caseta
09 abr 2008 . Actualizado a las 17:47 h.El paso de Joaquín Caparrós por el Deportivo dejó indiferente a pocos. Su carácter crispado y una actitud beligerante apreciable cada domingo en el banquillo divide a sus defensores y detractores. Los futbolistas no son una excepción, y los hay que chocaron fuertemente con un entrenador que encendió unas cuantas hogueras en el vestuario coruñés (temporadas 2005-06 y 2006-07). Muchas heridas siguen sin cerrar y volverán a abrirse el domingo con motivo de la primera visita a Riazor del ahora preparador del Athletic. El ánimo de revancha jugará con los de Lotina. Estos fueron los principales motivos de conflicto entre la plantilla y el utrerano:
Futbolistas apartados del grupo.
Una medida que sembró la discordia en el vestuario. Valerón no servía el primer año y empezó a jugar por presión del club. Scaloni, que forzó su capitanía (Joaquín impulsaba la de Tristán), fue arrinconado y cedido en el mercado de invierno al West Ham inglés. El tema se agravó en la segunda campaña. El equipo se desplazó a Isla Canela (Huelva), pero Caparrós separó del grupo a Tristán, Momo, Rubén y Munúa. «Está claro que no estoy en el proyecto y que no se cuenta conmigo. No entiendo la postura del míster», dijo Rubén. Y añadió Momo: «Lo lógico es que esté molesto con lo que está pasando».
Tristán amenazó con denunciar: «En la AFE me informan de que tengo derecho a trabajar con mis compañeros», y el club acabó mandando los descartes a Isla Canela, que se entrenaron al margen del grupo. Allí, Caparrós discutió con Duscher, titular indiscutible hasta entonces. Le dijo al club que no lo quería ver delante y exigió al delegado que lo mandase en avión a A Coruña. El Deportivo volvió a pararle los pies y Aldo se quedó, pero pasó al ostracismo de la grada. «Mi situación deportiva no es la correcta y no sé por qué circunstancias no juego», dijo. Coloccini, que plantó cara al técnico para jugar en su posición (central), no tardó en acompañar a Duscher en la grada. Crispación y un trato áspero. Cada entrenamiento con Caparrós es una batalla, y ese fútbol de trinchera termina incendiando el vestuario. «Los ánimos no son los mejores», admitió Coloccini durante la dramática primera vuelta del equipo el año pasado. En entrevistas recientes a La Voz de Galicia, Lopo aseguró que tuvo «más crispación con Caparrós que con Clemente», y Filipe Luis, que «el equipo siempre estaba en tensión, incluso después de lograr la permanencia». El 19 de abril del 2007, el técnico trasladó la trinchera a la grada y se enfrentó a varios aficionados en Riazor tras un partido. Fue escoltado por la policía. Del once inicial a la grada. Los vaivenes con la plantilla también enrarecieron el ambiente. Seis delanteras distintas en un mes (febrero del 2006) fueron el detonante. «Prefiero no hablar del técnico, sería perjudicial, porque hay cosas que no gustan cuando se dicen a la cara. Hace tiempo que mi prestigio va en decadencia», dijo Coloccini. Munúa llegaba a una situación límite: «Este entrenador nunca me brindó una oportunidad y como profesional merezco el máximo respeto». Otros, como Xisco, cambiaban de aires: «No tengo que agradecerle nada a Caparrós. Me fui al Vecindario porque aquí no iba a tener minutos», recordó anteayer. Sin demasiadas explicaciones, Manuel Pablo fue capitán en la grada. Juego defensivo. Los jugadores criticaron sin rodeos el fútbol directo del equipo. «No estamos acostumbrados a jugar contra los grandes a esperar», espetó Sergio tras un partido contra el Real Madrid. «Los empates hoy en día sirven de muy poco», ironizó Coloccini. Juanma fue directo en plena crisis: «Hay que darle un cambio al equipo». Discurso contradictorio. Una situación que vivió, por ejemplo, Duscher. Caparrós volvió a contar con él en diciembre del 2006, después de decir una semana antes que estaba sin ritmo.