El peso justo en el momento oportuno

David Cal El mejor canoísta del mundo

DEPORTES

«Para rendir al máximo tendré que llegar a Pekín con 84 o 85 kilos. Pero antes no es bueno estar en esos parámetros. Hay que perder peso a medida que avanza la temporada»

31 mar 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

En todos los deportes es importante el peso. En piragüismo, quizá más, por dos razones. Una, porque lo que pese el palista afecta de forma determinante a la navegación del barco. A mayor peso, más se hundirá la canoa y más lentamente avanzará. Y dos, porque la fuerza que desarrolla el palista está directamente relacionada con su constitución en cada momento.

Esto nos puede hacer pensar que cuando menos se pese, mejor. Pero hay un límite. Todos tenemos un peso ideal, por debajo del cual comienza a bajar nuestro rendimiento al mismo tiempo que nos sometemos a riesgos innecesarios. En mi caso, el peso ideal para competir oscila entre los 84 kilos y medio y los 85. Mi embarcación está optimizada para este peso, que es el umbral por debajo del cual se encienden todas las alarmas.

Las medallas de Atenas las logré pesando 84,5 kilogramos. A partir de ahí, al Mundial de Croacia, donde conseguí una plata, acudí con 85; en el 2006, en Hungría, competí con 84 y en Duisburgo, donde gané el Mundial remé con 84,5. Con este peso es con el que doy los porcentajes idóneos de grasa y masa muscular, algo así como un siete por ciento de grasa y poco más del cincuenta de músculos. El resto, masa ósea y residual. Pero no es bueno pasarse mucho tiempo en el peso de competición. Con los 84 kilos y medio, mi cuerpo está preparado para desarrollar toda su capacidad en una canoa en las pruebas de mil y quinientos metros, pero estar así durante todo un año supone tener un riesgo enorme de lesiones y de enfermar. Por ello, a lo largo de una temporada mi peso sufre sensibles oscilaciones. Por ejemplo, empecé en octubre del año pasado con 92 kilos, ahora estoy en 95, incluso, aunque fuera de forma anecdótica, la vez en que la báscula apuntó más alto fue con 102 kilos. Tengo cierta facilidad para adelgazar y para engordar diez kilos cuando sea necesario. Es una cuestión de disciplina.

Estas alteraciones afectan a la navegación del barco en cada momento, por lo que nos obliga a hacer ciertos cambios. No es lo mismo remar con 84 kilos que con 95. Esto supone que a medida que avanza la temporada me tengo que ir desplazando en mi ubicación en la canoa unos centímetros. Voy avanzando hacia la proa hasta que me encuentro fino del todo y ya no hay variaciones. Se trata de encontrar algo que parece sencillo, pero que es difícil, el equilibrio perfecto entre la navegación del barco y mi estado físico.

En el 2006 tuve problemas. Meses antes del Mundial adelgacé alrededor de diez kilos hasta quedarme en 82. Estaba superdelegado, pero no tenía ganas de nada, me encontraba débil y descubrimos que no podía bajar de 84 kilos. Si pesas 87, puede que estés un poco pasado, pero se puede competir, con los 82 ya vimos que no era posible.

En los momentos trascendentales de la temporada, supongo que como cualquier deportista, llego a obsesionarme con el peso. Esto ha hecho que lo controle al máximo. Sé lo que puedo adelgazar en una hora de canoa a ritmo normal, unos 400 gramos; lo que pierdo si ando una hora en bicicleta, un kilo. He aprendido cuando debo privarme de algo y cuando puedo permitírmelo, porque si todos los detalles son importantes, el peso adecuado en el momento justo, es fundamental para alcanzar el éxito.