El Lugo aprovechó la ineficacia ofensiva del San Sebastián

Marcos Pichel

CDLUGO

El equipo visitante pagó con derrota tras perdonar en infinidad de ocasiones ante la meta rojiblanca

24 sep 2007 . Actualizado a las 19:42 h.

Los que ayer bajaron al Ángel Carro tuvieron la fortuna de ver las evoluciones de un equipo y sus dádivas. El Sanse, la única escuadra que apareció en la vera del Miño, se vistió de Reyes Magos y se dedicó a fallar una y otra vez goles cantados. Para los locales, lo mejor, el marcador, y que si cuando no juegan son capaces de ganar, ¿cuando lo hagan...? Quedan muchas jornadas para mejorar.

Si alguien antes de comenzar el partido leyera la alineación del Lugo le llamaría la atención que Fonsi Valverde hubiera colocado hasta tres delanteros. Puestos sobre el campo, se verían algunos matices: para dar entrada en la titularidad a Losada, Sergio, el obús de Portomarín tomaría la posición de extremo izquierdo; por su parte, Durán no se movería de su lugar en la media punta. Quedaban por delante los 90 minutos para comprobar si perder al artillero por la banda iba a resultar un acierto y si Losada iba a ser capaz de mantener la misma presencia ofensiva. Para el recuerdo, ver a Sergio como lateral izquierdo cubriendo las progresiones de Pablo Rodríguez por la banda.

Nadie pudo negar que el Lugo se vio favorecido (la mejor manera de librarse de la presión de un Sanse que era superior) por un penalti de esos que, no por que la mayoría de las veces no se señale deje de serlo; en este caso, un claro agarrón a Mauro en el área que transformó Pablo.

Tan bien le resultó la pena máxima al Lugo, porque nadie se hubiera extrañado si los visitantes hubieran ido ganando por 0-4 antes de llegar al minuto veinte de la primera mitad. Una tras otra, por fallos de puntería, por rebotes, o por manos de un inspirado, por momentos, Valeiro (como en el penalti del primer minuto de la segunda parte), los delanteros madrileños dejaban en evidencia a la defensa local: desbordada en velocidad, por arriba, en paredes... Ni los centrales, ni los laterales, ni los mediocentros, se enteraban por dónde venía la fiesta. Todas las jugadas acababan en algún tipo de remate visitante. ¿Y el público? Se encargaba de mostrar su malestar con pitos y nerviosismo. El mismo que parecían tener los zagueros.

¿Cuál es la mejor manera de combatir los nervios en el Lugo? ¡Sergio, Sergio, Sergio! Él obús tronzó con su velocidad a la defensa, sí, por el extremo, y aprovechó que estaba mal colocada para, de un certero pase permitir que Losada se estrenara como rojiblanco. En realidad, en los de Fonsi sólo parecía funcionar el de Portomarín, que porfiaba una y otra vez, nunca en su posición, con la defensa. ¿Por qué, si no, lo buscaban una y otra vez sus compañeros?

Sin oficio

Si, en ocasiones anteriores, el Lugo había demostrado superar los problemas atrás gracias a una cualidad con el cartel de se busca en el fútbol de hoy, como es el oficio, ayer, esta se tornó en descolocación y casi desesperación. Eso sí, cada vez con más goles a favor. Lo que no acaba de entenderse es que, con la demostrada capacidad de los rojiblancos para cuidar el balón, no se parasen a hacerlo. En la reanudación, con la inclusión de Uriz como central (ya lo hizo contra el Leganés), la marcha de Garmendia, y la entrada de Richard (mucho más racional en su aporte), era lo que buscaba el entrenador rojiblanco.

Lo consiguió (sumado al efecto brazos caídos que los dos goles, y el penalti fallado habían obrado en el Sanse), aunque el partido se fue durmiendo hasta el sopor. Lo poco que se vio hasta el final, en una segunda parte para el olvido, fue por culpa ramalazos infructuosos de ambas escuadras. Aunque el sello de peligro, (ni siquiera pegaron una patada) lo volvieron a dejar los visitantes.