Balaídos espantó los males del Celta

Víctor López

VIGO

07 jun 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Ver, sufrir, y olvidar. Eso debió pensar la parroquia celeste que ayer ayudó como nunca en esta temporada a su equipo. Un año plagado de sinsabores les dejó celebrando la salvación del Celta a dos jornadas de la conclusión de esta Liga. A priori esto sería motivo de enfado, pero la grada se quedó con las genialidades de Iago Aspas para olvidar tanto desatino acumulado en su retina.

El club vigués había agotado el papel entre invitaciones y localidades, pero al final se encontró oficialmente con 24.032 espectadores de lo que unos setecientos eran del Alavés. La mejor afluencia de la temporada, un mosaico de cartulinas celestes, aplaudidores que hacían ensordecedor por momentos el ambiente, y mucha entrega hacia un sentimiento que está por encima de los gestores, y de sus actuales protagonistas.

El celtismo tuvo pocos motivos para vibrar en la primera parte. Al contrario, algún susto del rival le hizo pensar en que podía prolongar su agonía. En la segunda mitad se vio más desahogado. Con el gol de Aspas entró en el primer delirio. Sin embargo, la desconfianza en sus defensores les llevó a ver como Juanjo empataba. Cuando el desánimo volvió a reinar, volvió el moañés para llevar al éxtasis a sus seguidores. Su primera aparición en toda la temporada, y la gradó llegó a terminar coreando su nombre.

Cuando el árbitro pitó el final del partido, el banquillo celeste, los no convocados, recogepelotas, los periodistas, todo aquel que pudo invadió el campo para que al colegiado no se le ocurriese prolongar ni un segundo más. Al igual que sucedió en Alicante la pasada semana, la suerte esta vez sí que se alió con el Celta. Su afición celebró que una de las peores campañas de su historia había concluido con un final para llorar de felicidad.