La muestra engloba obras de los años cuarenta y cincuenta.
02 jun 2008 . Actualizado a las 12:41 h.El Centro Cultural de España en Montevideo recoge en una amplia y detallada exposición la primera etapa artística de Leopoldo Nóvoa, una creación desarrollada durante los años cuarenta y cincuenta en Argentina y Uruguay, países que lo habían acogido, como a otros muchos gallegos, tras la Guerra Civil. Luis Seoane fue el que impulsó su primera exposición en Buenos Aires, estrenándose en el mundo de la pintura con una obra figurativa, sintetizada con escuetos trazos lineales estampados por el color. La iconografía popular a la que recurre, con claras evocaciones a la tierra natal, se mantendrá a lo largo de las dos decenios.
Instalado en la capital uruguaya va a conocer a dos personas claves en su trayectoria: Torres García y Jorge Oteiza, e inevitablemente su pintura termina por sentir su influencia, impulsando, a partir ya de los sesenta, definitivamente a la abstracción a dar significado a su plástica. Con el cambio de concepto llega también un cambio de residencia; Leopoldo Nóvoa se marcha a Francia llevándose muchos de los cuadros de aquella primera etapa, mientras deja en Montevideo murales espléndidos, como el del Cerro y el de Arapey. En París, un incendio en su taller arruina en 1979 muchos años de trabajo, esfuerzos e ilusiones; la imagen de aquel pasado americano quedó en un aciago instante convertida en polvo; pero del desastre el artista saca fuerzas y acaba por configurar una fantástica creación renacida de las cenizas y hecha de cenizas. La obra expuesta ahora en Montevideo se salvó de la quema al formar parte de colecciones institucionales y privadas argentinas y uruguayas. La publicación editada para la ocasión recoge textos, entre otros, de Carlos Maggi, Onetti y la comisaria de la muestra, Olga Larnaudie.