Once kilos de pulpo alimentado en una cetárea de San Roque

Emiliano mouzo A CORUÑA

A CORUÑA

Se coló siendo un alevín por una pequeña tubería de la cetárea en el paseo marítimo de A Coruña.

18 ene 2011 . Actualizado a las 22:17 h.

Dicen que los pulpos son los invertebrados más inteligentes. Y se cree que un miembro de esta especie puso hace unos dos años en marcha su extraordinaria capacidad para pensar y decidió que trabajar en el océano para vivir no era lo suyo.

Decidió entonces abandonar el mar de Riazor y se coló siendo un alevín por una pequeña tubería en una gran marisquería, en las instalaciones de la cetárea Otamar, ubicada en San Roque de Afuera, en el paseo marítimo de A Coruña. Aún no está bautizado, pero lo más probable es que se le llame Pulpo de A Coruña.

«Yo lo vi hace unos seis o siete meses. Pesaría unos tres o cuatro kilos», cuenta el propietario del vivero, Ángel Otamendi. Nadaba a sus anchas por la piscina que la empresa tiene pegada al mar y que toma el agua directamente del océano. Allí este pulpo encontró un hábitat extraordinario: «La piscina mide 800 metros cuadrados y su profundidad puede alcanzar hasta cuatro metros según baje o suba la marea». así describe Ángel la casa que eligió para vivir Pulpo de A Coruña.

Además «en esa zona de la cetárea cae marisco, y no mejillones como los que atraían al famoso pulpo Paul, sino que llegaban ante sus tentáculos desde nécoras, bueyes de Francia y centollas, a lo que hay que añadir lo que entra desde el mar. Cómo para no estar a gusto», subraya Otamendi.

De hecho, «se descubrió como en los dos puntos que el pulpo había elegido como escondite acumulaba los caparazones del marisco que comía», señala Ángel. Y es que tras hacerle un seguimiento se calcula que el pulpo se alimentaba de unas dos piezas de marisco al día. «Y así fue creciendo hasta ahora, que ya pesa 11 kilos», comentó Otamendi.

Ángel decidió hace una semana trasladar a Pulpo de A Coruña a una piscina más reducida: «Es que los pulpos suelen durar unos dos años y no quiero que se muera en un lugar donde no se pueda localizar. Además quiero que mis clientes y sus hijos lo puedan admirar».

Cuando muera sí se puede comer, aunque Ángel se pregunta «qué tiempo de cocción haría falta para ablandar tentáculos con ventosas que tienen un diámetro de una moneda de dos euros».