Las pintadas se extienden por toda A Coruña

Javier Becerra
Javier Becerra A CORUÑA/LA VOZ.

A CORUÑA

Pese a la campaña cívica de Freddy, el Ayuntamiento destinará, en diferentes partidas, 600.000 euros a combatir el vandalismo

07 ene 2011 . Actualizado a las 15:00 h.

La gran repercusión que obtuvo la campaña de concienciación ciudadana que puso en marcha el Ayuntamiento en septiembre apenas ha tenido reflejo en las calles. Está claro que casi todo el mundo ha escuchado hablar de Freddy, ese personaje que con lenguaje juvenil y jerga koruña exhortaba a los ciudadanos al civismo. Pero igual de claro resulta la confirmación de su escasa eficacia. Una simple mirada a los barrios de la ciudad sirve para constatar que, en la práctica, los resultados de la campaña fueron nulos.

«¿Hace falta que te lo diga Freddy?, cuando algo es tuyo lo cuidas, Coruña es tuya». Ese era uno de los mensajes que aparecieron pegados en contenedores, papeleras y banderolas. Pretendía que los coruñeses tratasen con idéntico mimo el mobiliario urbano que el de su casa. Un vándalo que firma en nombre de Hugo, Ferrísimo y Dieguísimo no lo vio así. No cree la ciudad como propia, a no ser que en lo suyo se dedique a pintarrajear con espráis tal y como lo hizo en el monumento a Eusebio da Guarda en la plaza de Pontevedra. Allí, en una de sus columnas, el susodicho no reprimió el ansia de irradiar felicidad, dejando para la vergüenza ciudadana su particular Feliz 2011.

Para borrar sus huellas se destinará dinero público. Un total de 600.000 euros (más de 1.600 diarios) es lo que, en diferentes partidas, gastará el Ayuntamiento para combatir el vandalismo en la ciudad, que, además de los destrozos de mobiliario urbano, encuentra su punto más preocupante en las pintadas. Hechas con espráis, con rotuladores o directamente rayando el cristal de pérgolas y marquesinas de bus, resultan no solo un atentado a la estética, sino que su manera de incrustarse resulta particularmente resistente.

Méndez Núñez

La palma se la llevan los jardines de Méndez Núñez. Allí, los efectos secundarios del botellón se manifiestan en toda su intensidad a plena luz del día. Bordillos rotos, bancos pintarrajeados, contenedores de basura destrozados, juegos infantiles totalmente ensuciados, etcétera. Cuando el despropósito parece insuperable, la caseta central del jardín surge como el más difícil todavía. Totalmente pintada en sus cuatro paredes muestra un aspecto lamentable e indigno de uno de los lugares emblema de la ciudad.

Otro enclave que viene sufriendo el acoso de estos artistas es la plaza de Vigo. La barrera lateral de cristal que la bordea la plaza por Federico Tapia, está repleta de garabatos de diferentes colores que, en su tramo final, justo después de una de las pérgolas terminan en un cristal roto. Los usuarios de la plaza, aseguran que todo eso lo veían venir, que lo único que les extrañaba es que tardase tanto.

Cerquita, se puede ver otro de los destinos de los firmadores, el Registro Civil. Cuando sus puertas aún rezuman a nuevo, la proliferación de pintadas en ellas la hacen envejecer varios años.

«Ojo pinta»

El pasado verano se instalaron en la calle Juan Flórez varios bancos de madera. A los pocos días aparecieron en ellos las primeras pintadas. Actualmente, pocos son los que se salvan de los corazones, las firmas indescifrables y la chabacanería general. En uno de ellos se advierte, en una paradoja del gamberrismo total: «Ojo pinta».

Del acoso de los aerosoles no se libran tampoco las propiedades privadas. En la misma calle, Juan Flórez, hay varios ejemplos. Uno de ellos, en la puerta de un garaje del edificio en cuyos bajos tiene instaladas sus oficinas Atento. Allí la huella de los espráis salpica el portalón del aparcamiento, mientras en la parte superior lucen varios carteles en los que se anuncian ventanas de pisos y alquileres de plazas de garaje.

Debido a este hecho, muchas comunidades han optado por aplicar tratamientos antigrafitis en sus fachadas. Se trata de líquidos que se aplican en las superficies y cierran sus poros. De este modo, la pintura que se echa por ellos no agarra y se elimina con una simple servilleta. Las empresas de limpieza aseguran que cada vez tienen más demanda estos tratamientos.