Suele asociarse el retorno de hoy, por razones evidentes y visibles, a gente de mediana edad, o ya jubilada. En este perfil no encaja Belén Suárez Riveiro, de 35 años, nacida en Zúrich, de familia de Bamiro (Vimianzo), y actualmente residente en Culleredo. No puede decirse con propiedad que se trate de una retornada, porque nació allá. Además, al contrario que los padres, es ella, la segunda generación, la que decidió venirse, y los padres siguen en la bulliciosa y bonita ciudad suiza.
Más peculiaridades: se vino dos veces. La primera, allá por sus 23 años. Pasó una temporada larga, pero regresó a Suiza. Ocurre que pasó otra temporada más y se volvió a Galicia, hace un lustro. Esta vez, ya de manera «definitiva». ¿Echa de menos aquello? «Sí, pero sobre todo por la cuestión sentimental, por tener allí la familia, amigos... Aunque eso no es lo que era antes. Hoy, con Internet, con lo que ofrece la tecnología, mantengo un contacto semanal, así que se lleva mejor». Reconoce que, al principio, le costó un poco acostumbrarse a la nueva vida. A veces notaba una especie de «sentimiento dividido», lo de ser de aquí y de allá. Tal vez lo sintetice en opiniones como esta: «Mi vida ahora está aquí, pero siempre llevaré un trozo de Zúrich en mí». Hay otras imágenes que ayudan a entender su situación (y la de miles más): las que se ven en películas como Un franco, 14 pesetas , retrato amable con tintes duros de una época pasada, de viajes en tren, perplejidad lingüística y maletas baratas: «Sí, refleja muy bien la vida y los sentimientos de los emigrantes», afirma Belén.