El PSOE desautoriza a Marcelino Abuín y pide disculpas por el derribo de los bancos de Ravella

Serxio González Souto
Serxio González VILAGARCÍA/LA VOZ.

AROUSA

El Bloque deplora la demolición y apuesta por buscar una fórmula para poder restituir los elementos destruidos

24 dic 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

La decisión de Marcelino Abuín de ignorar las peticiones que planteaban un buen número de vilagarcianos, a favor de que se respetasen los bancos de azulejo del jardín de Ravella, acaba de conducir al gobierno local de Vilagarcía a una crisis que colma el vaso del anterior conflicto que ya había puesto contra las cuerdas al bipartito con los mismos protagonistas y el párking de pago de Fexdega como desencadenante. A las pocas horas de que el concejal de Xestión do Territorio ordenase derribar los dos conjuntos, la secuencia de lo ocurrido quedó al descubierto: la directriz fue dictada por Abuín con el solitario respaldo de la alcaldesa, Dolores García, y la responsable municipal de Muller, Victoria Hierro. Para colmo de males, el apoyo de ambas fue posterior, puesto que, con la única duda de la regidora, nadie más conocía las fulminantes intenciones del edil socialista. Ni siquiera Hierro, la portavoz de su grupo.

Tanto es así, que la secretaria xeral del PSdeG en Vilagarcía, e integrante a su vez del gobierno municipal, no dudó ayer en desautorizar públicamente a Abuín Duro. Sus palabras son lo suficientemente elocuentes: «Esta foi unha decisión adoptada unilateralmente por un concelleiro, sen contar nin sequera co consenso do grupo municipal; estes bancos son un símbolo cheo de connotacións sentimentais para moitísimos vilagarciáns». Por ello, la líder de la ejecutiva socialista local pide «disculpas aos vilagarciáns» y quiere manifestar su voluntad y convencimiento acerca del «verdadeiro sentido da política, que é traballar para os veciños». Como conclusión, García entiende que lo lógico, en este caso, hubiese sido rectificar el proyecto «atendendo ao clamor popular».

Una lección de «humildade»

El propio candidato del PSOE a la alcaldía, Carlos Guerrero, se refirió ayer, un día después de su aclamación en la asamblea socialista, a este episodio enormemente controvertido: «Como político, pero tamén como cidadán, non me gusta nin que tirasen os bancos nin a rapidez coa que o fixeron». El aspirante del PSdeG no entra a analizar los valores patrimioniales de los elementos destruidos. Se trata, argumenta, de algo mucho más básico. «O sentimento das persoas importa, non debemos xogar con el, se fosemos un pouco máis humildes e dialogantes atopariamos a realidade na ollada dos veciños; nese xardín temos gozado moitos en distintas fases das nosas vidas», apunta Guerrero, que pide «un exercicio de humildade» y que su grupo «recapacite porque aínda pode ser posible remediar a situación». En ello coincide con el teniente de alcalde, el nacionalista Xosé Castro Ratón, quien como socio de gobierno y en nombre del BNG rechaza el derribo, apuesta por rectificar, escuchar a la sociedad y «buscar a fórmula para poder recuperar esta parte da nosa memoria colectiva»