La Voz de la Salud

Susana Arias, neuróloga: «Es fundamental 'regar' nuestro cerebro para prevenir el ictus»

Enfermedades

UXÍA RODRÍGUEZ LA VOZ
La Dra. Susana Arias Rivas, neuróloga de la Unidad de Ictus de Hospital Clínico Universitario EOXI de Santiago de Compostela

La especialista de Santiago de Compostela acaba de ser reelegida para la Junta Directiva de la Sociedad Española de Neurología y recuerda que «la hipertensión es el mayor factor de riesgo para sufrir un ictus»

18 Jan 2024. Actualizado a las 11:18 h.

La doctora Susana Arias ejerce como Neuróloga de la Unidad de Ictus del Hospital Clínico Universitario EOXI de Santiago de Compostela y como profesora asociada en la Facultad de Medicina de la Universidad de Santiago de Compostela y acaba de ser reelegida vocal del Área de Relaciones Profesionales y Sociedades Científicas Afines de la Junta Directiva de la Sociedad Española de Neurología (SEN). Recuerda que un gran porcentaje de ictus se podrían evitar con una adecuada prevención de los factores de riesgo y un estilo de vida saludable, pero que aún así algunos pacientes se preguntan: «¿Por qué me ha dado un ictus, si yo no era ni hipertenso, ni diabético, ni dislipémico, ni obeso, ni fumador, y caminaba 10 kilómetros al día?».

—Los casos de ictus no paran de aumentar. Desde la SEN estiman que en menos de 15 años crecerán un 35 %. ¿Por qué? 

 —Uno de los principales factores de riesgo de la patología cerebrovascular es la edad y cada vez vivimos más años, aún más en Galicia. Después, vivimos en una sociedad en la que no nos cuidamos lo suficiente. Tenemos tasas importantes de hipertensión arterial y sedentarismo. Gracias a los planes estratégicos de salud en los últimos años existe una mejor prevención primaria y, por ejemplo, ha disminuido el consumo de tabaco, que es otro de los principales factores de riesgo, pero al aumentar la edad estamos más años expuestos a estos factores.

—¿Están aumentando los casos en gente joven?

 —Sí. Lo cierto es que, aunque con menor frecuencia, también puede presentarse en adultos jóvenes, de entre 15 y 45 años. La incidencia de ictus en esta franja de edad es de entre tres y diez casos por cada 100.000 habitantes. En este grupo, hay que tener en cuenta otras cosas además de los clásicos factores de riesgo, como la hipertensión, la diabetes o el colesterol.

Recordemos que el ictus se divide en isquémico, en el que el vaso se cierra, y hemorrágico, en el que hay una ruptura de la pared del vaso cerebral. En condiciones normales, los isquémicos representan el 80 % de los casos, y los hemorrágicos, el 20 %. Pero en esta franja de edad, el ictus hemorrágico se puede dar hasta en un 50 % de los casos. En estos pacientes más jóvenes hay que descartar otras causas, como la disección arterial, o trastornos genéticos heredados. Tampoco podemos olvidar que determinados consumos tóxicos, no solo el tabaco o el alcohol, sino la cocaína. También son un factor de riesgo a largo plazo, porque favorecen el desarrollo de placas de ateroma, y a corto plazo, porque pueden producir ciclos de hipotensión, vasoespasmo o cardiopatía. En esta franja de edad también hay que tener en cuenta a las mujeres, porque están en su etapa de concepción. El embarazo, el puerperio y el uso de anticonceptivos hormonales también pueden ser responsables de ictus o trombosis de senos venoso.

—¿En estas edades podemos hablar de otros factores de riesgo?

 —Existen unos factores de riesgo extra que no existen más adelante, como el embarazo o el puerperio, o el consumo de tóxicos como la cocaína, que es más frecuente entre gente más joven. De todos modos, la incidencia es menor. Está entre 3 y 10 casos por cada 100.000 habitantes, cuando en adultos mayores es superior a 15 casos por cada 100.000 habitantes.

—Muchos casos de ictus se podrían prevenir con hábitos saludables. ¿Cómo?

—Hay un factor de riesgo contra el que no podemos hacer nada, y es nuestra edad. Está la edad cronológica y la edad biológica. Lo que tenemos que hacer es ser conscientes de nuestra situación y hacernos nuestros chequeos. Si somos hipertensos, no vale solo con tomar las pastillas de la tensión si seguimos comiendo con sal. Lo que hay que hacer es una prevención primaria sobre estos factores de riesgo, tener siempre a raya la hipertensión arterial y el colesterol, evitar el consumo de tóxicos como el tabaco y limitar el consumo de alcohol. Después, es muy importante en nuestro día a día implementar algo de ejercicio físico. Una actividad mínima de 30 minutos al día, o por lo menos, 45 minutos de ejercicios aeróbicos tres o cuatro veces a la semana. Eso es fundamental. Después, también tenemos que regar nuestro cerebro, no solo para prevenir el ictus, sino otras enfermedades como la demencia. ¿Cómo lo regamos? Con actividades intelectuales y actividades sociales. Leyendo, haciendo crucigramas o puzzles, escuchando música, aprendiendo un idioma. Sin eso, el cerebro se apaga. 

—Después de la edad, ¿cuáles son los mayores factores de riesgo para sufrir un ictus?

—La hipertensión arterial, el colesterol, el tabaco y la diabetes. Y después, uno muy importante son las arritmias cardíacas, la fibrilación auricular. En mayores de 80 años, puede afectar casi al 20 % de la población. Esto es importante, porque las mujeres vivimos más que los hombres y las mujeres se mueren, en nuestra comunidad autónoma, de ictus de origen cardioembólico, debidos a la fibrilación auricular. Estos ictus en mujeres mayores que se producen por fibrilación auricular tienen un peor pronóstico funcional, con un mayor volumen y un mayor grado de discapacidad. De ahí la importancia de que la gente mayor vaya a hacerse chequeos. 

—Controlando todos estos factores, ¿cuántos ictus se podrían evitar?

—Se suele decir que hasta el 90 %, pero quizás me parece un poco exagerado. Cada seis minutos en España se produce un ictus, o sea que hay una inmensidad de patología cerebrovascular. Podemos mantener a raya algunos factores, pero aun así, tenemos pacientes que dicen: «¿Por qué me ha dado un ictus, si yo no era ni hipertenso, ni diabético, ni dislipémico, ni obeso, ni fumador, y caminaba 10 kilómetros al día?».

—¿Qué señales pueden alertarnos para pedir ayuda?

—Las señales de alerta son las tres F. En gallego son forza, faciana y fala. Forza hace referencia a la pérdida de fuerza de un brazo o una pierna en un lado del cuerpo. Si se le pide al sujeto que levante los brazos y se ve que se cae uno, hay que consultar rápido. Hay pacientes que cuentan que estaban viendo la televisión y se les cayó el mando de la mano, o que se quisieron levantar para ir al baño y la pierna no funcionaba. La faciana hace referencia a esa desviación de la comisura bucal. Igual que se pierde la fuerza de los músculos, también se pierde fuerza en la cara y esto es muy característico. La fala hace referencia a un trastorno del lenguaje, que puede ser en la emisión, no emitimos de forma correcta, confundimos unos fonemas con otros, no nos salen las palabras. Los pacientes cuando se recuperan en estos casos dicen que tenían las palabras en el cerebro pero que no las podían decir. También puede ser un trastorno en la comprensión del lenguaje. Tú les hablas y no entienden lo que les dices. También puede ser un trastorno de la articulación, como si estuviésemos borrachos o tuviésemos una patata en la boca.

—¿Suele haber señales previas al episodio?

—Nosotros diferenciamos un ataque isquémico transitorio y un ictus isquémico. A veces, los pacientes han tenido en los días previos un ataque isquémico transitorio con una sintomatología de corta duración que se resolvió completamente. Por ejemplo, una estenosis carotidea. La arteria carótida es la principal que va a irrigar un hemisferio cerebral, es una tubería que a veces está obstruida en un 70 u 80 %. En los días previos al ictus puede haber síntomas como coger algo y que se caiga, pero esto dura solo unos segundos. Esa tubería está dando signos de que no funciona de forma adecuada. Por eso es importante que, ante déficits neurológicos menores de pérdida de fuerza, alteración del lenguaje o de la comisura bucal, se consulte. 

—¿Cómo cambia la evolución en función del tiempo que demoremos en actuar?

—A cada minuto se pierden miles de millones de neuronas y de conexiones neuronales. Eso está estudiado. Además, tenemos dos fases. Una es la inicial, que son las cuatro primeras horas desde el inicio de la clínica. Puede parecer mucho tiempo, pero desde que el paciente presenta la clínica hasta que un familiar lo detecta y se ponen en marcha los servicios sanitarios, el paciente suele llegar en al menos una hora y media desde el inicio de los síntomas en el caso ideal. Después, tenemos que hacer todas las pruebas para administrar el tratamiento. En una primera fase, tenemos un tratamiento fibrilonítico endovenoso que se puede usar en algunos casos, pero ese tratamiento tiene una ventana terapéutica de 4,5 horas. Después, en caso de que no sea eficaz, podríamos hacer una trombectomía mecánica. Con un catéter desde la vía inguinal llegaríamos a la zona del cerebro donde está la oclusión y extraeríamos el trombo. Al final, es un taponamiento en una arteria. Si consigues abrirlo en las primeras horas, ese tapón va a estar menos organizado, va a ser más fácil de extraer y habrá provocado menos daño. El cerebro depende del consumo inmediato de oxígeno y de glucosa. Si tienes una arteria cerrada durante 18 horas, el daño producido va a ser muchísimo más grande que si la has tenido durante tres horas. Esto lo vemos muchas veces. Cuando los pacientes llegan con clínica de muy poco tiempo de evolución, ese trombo se saca rápidamente. En cambio, cuando pasan las horas, es mucho más difícil y ese tejido sobre el que estás actuando ya es un tejido isquémico que ha estado privado de oxígeno y glucosa durante mucho tiempo.

—¿Se dan ictus de repetición?

—La hipertensión es el mayor factor de riesgo y a partir de un ictus hay que tenerla siempre a raya, pero el daño de la hipertensión arterial, que produce un engrosamiento de la pared arterial, ya se ha producido durante los años previos. Por muy bien que la tengas ahora, ese daño previo puede producir nuevos ictus. Después, los fármacos que damos para las arritmias cardíacas no son eficaces al 100 %, aunque han disminuido la incidencia de ictus. Pero las posibilidades de sufrirlo, aun tomando la medicación adecuada y controlando los factores de riesgo, pueden seguir estando. Puedes tener un ictus de otro tipo. 

—¿Hay algún período en el que es más probable que haya un ictus de repetición?

—Sí. Durante las primeras semanas existe mayor riesgo de recurrencia.

—¿Por qué las mujeres sufren más enfermedades neurológicas?

—El cerebro de la mujer se va a ver influenciado por los cambios hormonales que van a ser muy diferentes en las distintas etapas de su vida. Esto ocurre con patologías como los ictus, pero también con otras, como las migrañas. La migraña es muchísimo más prevalente en mujeres y las hormonas van a jugar un papel fundamental. También, como las mujeres vivimos más, estamos más expuestas al desarrollo de enfermedades neurodegenerativas. Dos de cada tres sujetos que se diagnostiquen de alzhéimer en nuestro país van a ser mujeres. Y después tenemos la epilepsia. Un tercio de las mujeres con crisis epilépticas están en edad fértil y tenemos que hacer un equilibrio entre la anticoncepción y los antiepilépticos, que pueden interaccionar. Otra enfermedad mucho más prevalente en mujeres es la esclerosis múltiple, que además va a afectar a las mujeres en etapa reproductiva. Tenemos que decidir utilizar un tratamiento agresivo que pare la enfermedad, pero frenar para buscar el mejor momento de embarazo. 

—¿El tratamiento de las enfermedades neurológicas debería ser distinto en hombres que en mujeres?

—Muchas veces, en la investigación básica con modelos animales, no está bien representado el modelo femenino, o se excluye porque los cambios hormonales pueden dar variaciones en los resultados. En la investigación clínica, muchas veces, las mujeres también están menos representadas, porque parte de los fármacos pueden tener un potencial teratogénico. Entonces, por una parte, pedimos modelos preclínicos en los que el modelo animal femenino esté representado y modelos clínicos que segreguen los resultados en función del sexo. Después, los tratamientos de los que disponemos son los mismos, pero ese potencial teratogénico nos puede limitar en su uso. Entonces, tenemos que elegir el fármaco más adecuado para la situación de cada mujer.

—¿Los síntomas del ictus difieren en el caso de las mujeres?

—No, pero puede haber un ligero retraso en la búsqueda de atención médica por parte de las mujeres. Somos las principales cuidadoras de nuestros descendientes y ascendientes, y muchas veces minimizamos nuestros síntomas no solo en patologías neurológicas, sino en general. Pensamos: ya se me pasará, ahora no puedo ir al médico, ahora no puedo dejar al niño solo, estoy cuidando de mi madre. En patología cerebrovascular, se ha visto que se solicita un poco más tarde esa atención médica.


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