Los gritos de docenas de vecinos amargaron el pleno a Caballero
29 nov 2011 . Actualizado a las 06:00 h.El alcalde vigués tomó la pasada semana una decisión arriesgada. Aunque la oposición, mayoritaria, defendió que dos colectivos que lo habían solicitado intervinieran ante el pleno, algo que permite el Reglamento de Participación Ciudadana, no incluyó a ninguno de ellos en el orden del día de la sesión.
La consecuencia de este veto fue doble. De una parte, la protesta pública de su ex teniente de alcalde recriminándole en términos políticos su comportamiento. La segunda, convertir la sesión en una barahúnda con gritos, exhibición de pancartas e interrupciones que se mantuvo durante la mayor parte del tiempo.
En este contexto varios de sus concejales perdieron los nervios, de manera especial Santos Héctor Rodríguez, al que tuvo que llamarle la atención el propio Caballero para evitar un conflicto todavía mayor, y también Ángel Rivas, rescatado por su compañero Font de una discusión con gente del público.
De esta forma un alcalde que convirtió en su divisa la política de ley y orden en los plenos, y que llevó hasta el extremo la vigilancia policial de las sesiones, los vetos a quienes las interrumpieran y la identificación de los asistentes contemplaba con gesto circunspecto cómo se derrumbaba el castillo de naipes trabajosamente construido a lo largo de cuatro años.
Y no solo eso. Público y oposición pusieron en cuestión su talante democrático al no cumplirse los acuerdos de los plenos y también por no dejar hablar a los colectivos. Además, las protestas en el ámbito político pueden ir a más. De hecho, José Manuel Figueroa advirtió que si esto no se resuelve considerarán dejar de asistir a las reuniones de la junta de portavoces donde se decide el orden del día de los plenos.
Desde el público, lógicamente, los discursos están menos elaborados y priman más las imprecaciones. No obstante, llamó la atención el grito de «¡democracia!» con el que los asistentes recibieron la queja de Domínguez que protestaba por el hecho de que el alcalde «non recibe a unha federación veciñal lexítimamente elexida, independentemente dos seus plantexamentos».
Del lado del PP, oposición ahora y en el mandato anterior, las imputaciones iban más allá. De manera directa, Marián García le atribuyó una política destinada a «chantajear a las asociaciones de vecinos, a las que concede subvenciones de manera directa para estrangular a las que critican al gobierno local». Según esta edila el sistema se resumen en «tapar bocas con cartos».
Y mientras tanto, los asistentes, que llenaban el salón de sesiones, no pararon de increpar al alcalde y a los ediles socialistas. Caballero amagó con el desalojo o suspender el pleno, pero no se atrevió a hacerlo.
«Vostede non ten súbditos; ten que respectar aos vigueses á marxe de como pensen»
Santiago Domínguez
«Caballero converteu esta cidade na dictadura da Alcaldía»
Marián García Míguez
Concejala del PP